editorial

Unidos en la esperanza

La emergencia de salud que vivimos no distingue ni colores de piel, ni fronteras entre países, ni religión, ni el grosor de las cuentas de banco. El enemigo silencioso y microscópico que tiene al mundo en jaque, avanza sin preguntar cuál es el origen o el destino propuesto por cada quien. Solo ataca y enluta a todos, sin discriminar a este o aquel.

Por eso, la respuesta no puede ser individual. Por el contrario, el chauvinismo es combustible para este mal, lo inflama, y le abre la puerta para que le crezcan los dientes. Por ende, es la suma lo que se espera de todos, no la división.

Se engaña aquel país que pretenda encontrar el camino por su propio pie, celebrar el hallazgo de una solución y “salvar” a su pueblo, sin tender la mano a sus vecinos. Es utópico pensar que salvando solo a mi casa le protejo.

Lo mismo aplica para la vida social, la economía, la educación y hasta la fe. Pretender hacer la travesía solo para mi clase, mi gremio, mi sector social o mi religión, es dispararse en el pie.

No existe cortafuego capaz de impedir que este adversario pase. Lo único que en realidad lo frena es la solidaridad, el espíritu de cuerpo, la empresa fraterna. Es en el puño donde está la respuesta. Los dedos, cada uno por su parte, no logran nada.

Se ha anunciado que pronto todas las religiones que tienen presencia y testimonio profético en Panamá harán causa común para enfrentar esta emergencia humana, social y económica que vive la nación. Estas son excelentes noticias, y demuestra que las personas de fe han entendido cuál es la vía idónea para salir del empantanamiento espiritual y material que nos agobia. 

¡Qué bueno!

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