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55.ª Cena de Pan y Vino reúne a la Iglesia de Panamá en una noche de fe, fraternidad y vocaciones

55.ª Cena de Pan y Vino reúne a la Iglesia de Panamá en una noche de fe, fraternidad y vocaciones

La Iglesia católica en Panamá vivió este jueves 20 de agosto una noche de fe, fraternidad y esperanza durante la 55.ª Cena de Pan y Vino, encuentro que cada año reúne a comunidades parroquiales, familias, sacerdotes, seminaristas y fieles de distintos puntos del país en apoyo a la formación de los futuros sacerdotes.

 

Por Héctor Muñoz

La actividad tuvo como escenario el gimnasio de la Universidad Santa María la Antigua (USMA), desde donde se desarrolló una jornada marcada por testimonios vocacionales, presentaciones artísticas, reconocimientos y, especialmente, por la oración y el compromiso con el Seminario Mayor San José.

A través de FETV, emisoras católicas y las plataformas digitales de Panorama Católico, numerosas comunidades también participaron desde sus parroquias, capillas y hogares, compartiendo fotografías y mensajes de apoyo a los seminaristas.

Una Iglesia que acompaña las vocaciones

Uno de los principales mensajes de la noche fue la importancia de acompañar y sostener las vocaciones sacerdotales.

Durante el encuentro se recordó el lema: “Ninguna parroquia sin seminarista, ni un sacerdote sin sucesor”, como una invitación a que toda la comunidad eclesial asuma como propia la responsabilidad de promover, acompañar y orar por las vocaciones.

En este sentido, se destacó que el aporte realizado durante la Cena de Pan y Vino no representa únicamente una ayuda económica para el Seminario Mayor San José, sino una contribución directa a la formación de quienes estarán llamados a servir a las comunidades, celebrar la Eucaristía, acompañar a las familias y llevar el Evangelio a las nuevas generaciones.

Testimonios que hablan de una vida entregada a Dios

La noche también permitió escuchar el testimonio de sacerdotes que han recorrido el camino vocacional.

Entre ellos estuvo el padre Raúl Gómez, quien celebra 25 años de vida sacerdotal. En su testimonio recordó distintos momentos de su ministerio y destacó la alegría de haber puesto su vida al servicio de Dios y de su pueblo.

También compartió su historia el padre José Antonio Cruz Lorenzo, quien relató cómo nació su inquietud vocacional desde el ámbito rural y cómo, a través de diferentes experiencias de servicio y formación, fue descubriendo su llamado al sacerdocio.

Durante su testimonio resaltó la importancia de no olvidar las raíces y de permanecer atentos a los signos mediante los cuales Dios continúa llamando y acompañando.

Con motivo de sus 25 años de ordenación sacerdotal, el padre José Antonio Cruz Lorenzo recibió un reconocimiento especial. Asimismo, se dio a conocer que el papa León XIV le concedió una bendición apostólica con ocasión de este aniversario sacerdotal.

El talento de los sacerdotes y seminaristas

La celebración también estuvo acompañada por diversos momentos artísticos.

Varios sacerdotes compartieron sus talentos musicales en vivo, provocando aplausos y entusiasmo entre los presentes.

Posteriormente, sacerdotes egresados del Seminario Mayor San José interpretaron un canto dedicado a la vocación y al llamado de Dios, invitando especialmente a los jóvenes que sienten inquietud por el sacerdocio a no tener miedo de responder a la llamada del Señor.

Los seminaristas también presentaron una obra teatral titulada “Panamá, 100 años en comunión, misión y esperanza”, en la que, mediante teatro, música e interpretación, recorrieron momentos significativos de los 100 años de historia de la Arquidiócesis de Panamá.

La puesta en escena contó con la participación de los seminaristas y del grupo de teatro El Desván de la USMA, bajo la dirección del profesor Félix Gómez.

La obra presentó diferentes etapas de la historia de la Iglesia en Panamá y destacó su acompañamiento al pueblo panameño en momentos de dificultad, transformación social y acontecimientos históricos.

El mensaje final estuvo orientado a una Iglesia viva, misionera y en salida, llamada a continuar anunciando el Evangelio y acompañando a las nuevas generaciones.

Memoria agradecida por sacerdotes que dejaron huella

Otro de los momentos significativos de la noche fue el homenaje póstumo a dos sacerdotes que marcaron la historia de la Iglesia y de Panamá: monseñor Guillermo Tejada Martínez y el padre Fernando Guardia Jaén.

Durante la Cena de Pan y Vino se destacó el legado de ambos sacerdotes y su entrega al servicio de la Iglesia y del pueblo panameño.

Monseñor Guillermo Tejada fue recordado por su cercanía pastoral y su servicio a quienes atravesaban momentos de dolor y dificultad, mientras que el padre Fernando Guardia Jaén fue presentado como un sacerdote profundamente comprometido con la educación, la formación de jóvenes y la renovación pastoral de la Iglesia.

El homenaje recordó que su legado permanece en las personas y comunidades que encontraron en ellos acompañamiento, formación y esperanza.

Un homenaje a Manuelita Núñez

La noche también tuvo un momento especial para Manuelita Núñez, reconocida durante la Cena de Pan y Vino como una de las fundadoras de Panorama Católico.

El reconocimiento permitió hacer memoria agradecida de quienes contribuyeron a construir la historia de este medio de comunicación católico y a su misión de informar y acompañar la vida de la Iglesia en Panamá.

Su legado forma parte de la historia de Panorama Católico y fue resaltado en medio de una celebración que también invitó a mirar con gratitud el camino recorrido.

Monseñor Ulloa: las vocaciones son responsabilidad de toda la Iglesia

Uno de los momentos centrales de la noche fue el brindis encabezado por monseñor José Domingo Ulloa, O.S.A., arzobispo metropolitano de Panamá.

Antes de levantar las copas, monseñor Ulloa dirigió la mirada hacia los seminaristas y recordó que ellos son la razón profunda de la Cena de Pan y Vino.

Ninguna parroquia sin seminarista, ni un sacerdote sin sucesor”, volvió a señalar, presentando esta expresión no solamente como un lema, sino como un sueño, una esperanza y una responsabilidad de toda la Iglesia.

Durante el brindis fueron presentados especialmente Carlos Marcial Barceló Gómez y Juan de Dios Urrunaga Ponce, quienes próximamente recibirán la ordenación diaconal.

También fueron mencionados los diáconos Daniel Piel y Miguel, quienes avanzan hacia su ordenación sacerdotal.

Monseñor Ulloa destacó que estos jóvenes son fruto de una Iglesia que ha sabido acompañar las vocaciones mediante la oración, el apoyo de las familias, el servicio de los sacerdotes, la formación y la colaboración de las comunidades.

“Ellos son fruto de ustedes”, fue el mensaje dirigido a las comunidades parroquiales y bienhechores que colaboran con el Seminario Mayor San José.

El brindis por los futuros sacerdotes

Con las copas en alto y el pan y el vino preparados, los presentes participaron del tradicional brindis de la Cena de Pan y Vino.

La oración y el brindis estuvieron dirigidos por los seminaristas, sacerdotes, familias y comunidades que sostienen la formación sacerdotal en Panamá.

El momento se convirtió en una expresión de unidad de la Iglesia panameña y de compromiso con las nuevas vocaciones.

La celebración concluyó con música y alegría, en un ambiente de fraternidad, con la participación de la artista católica Anna de Watts, quien puso el broche final a la jornada.

Una Iglesia que continúa sembrando

La 55.ª Cena de Pan y Vino dejó como mensaje central que la formación sacerdotal es una tarea que involucra a toda la Iglesia.

Desde el gimnasio de la USMA hasta las parroquias, capillas y hogares que participaron a distancia, cientos de personas se unieron en una misma intención: orar por las vocaciones y apoyar la formación de los futuros sacerdotes del Seminario Mayor San José.

La noche recordó también que detrás de cada vocación hay una comunidad que ora, acompaña y sostiene; una familia que anima; sacerdotes y formadores que orientan, y una Iglesia que confía en que Dios continuará llamando nuevos obreros para su mies.

Así, la Cena de Pan y Vino llegó a su 55.ª edición renovando una misión que continúa vigente: sembrar, acompañar y formar a los sacerdotes que la Iglesia en Panamá necesita para el presente y el futuro.