Después de la celebración de Pentecostés, la Iglesia Católica retoma el llamado Tiempo Ordinario, una etapa importante del año litúrgico que invita a los fieles a profundizar en la vida y enseñanzas de Jesucristo desde la cotidianidad.
Por Héctor Muñoz
Aunque muchas veces el término “ordinario” puede interpretarse como algo simple o sin relevancia, en la liturgia católica tiene un significado muy distinto. Proviene de la palabra “ordenado” o “numerado”, ya que las semanas de este tiempo se cuentan consecutivamente: semana primera, segunda, tercera y así sucesivamente hasta completar 33 o 34 semanas durante el año litúrgico.
¿Qué es el Tiempo Ordinario?
El Tiempo Ordinario es el período del año litúrgico en el que la Iglesia contempla especialmente la misión pública de Jesús: sus enseñanzas, milagros, parábolas y encuentros con las personas.
A diferencia de los llamados “tiempos fuertes” como Adviento, Navidad, Cuaresma y Pascua, este tiempo se centra en el crecimiento espiritual constante y en el seguimiento diario de Cristo.
La Iglesia divide el Tiempo Ordinario en dos partes:
- La primera comienza después de la fiesta del Bautismo del Señor y se interrumpe con el inicio de la Cuaresma.
- La segunda inicia después de Pentecostés y se extiende hasta el comienzo del Adviento.
El color verde y su significado
Durante este tiempo, el color litúrgico predominante es el verde.
Este color simboliza:
- la esperanza,
- la vida,
- la perseverancia,
- y el crecimiento espiritual del cristiano.
Es un recordatorio de que la fe también madura en lo cotidiano: en la familia, el trabajo, el estudio, el servicio y la oración diaria.
Un tiempo para encontrar a Dios en lo cotidiano
El Directorio sobre la Piedad Popular y la Liturgia del Vaticano recuerda que el Año Litúrgico permite a la Iglesia celebrar todo el misterio de Cristo a lo largo del año, acompañando la vida espiritual de los fieles.
Por eso, el Tiempo Ordinario no es un “tiempo vacío”, sino una oportunidad para vivir el Evangelio en la vida diaria y descubrir la presencia de Dios en las cosas sencillas.
Es el tiempo del discipulado constante, de la escucha de la Palabra y de la maduración de la fe.
Un camino que continúa
Con el inicio de esta nueva etapa litúrgica, la Iglesia invita a todos los fieles a seguir caminando junto a Cristo, fortaleciendo su vida espiritual y renovando la esperanza.
Porque también en lo ordinario, Dios sigue hablando al corazón de su pueblo.
