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¿A quién llama Dios?

P. Jhassir Pacheco

La vocación no es un privilegio de algunos sino un regalo gratuito para todos. Todos somos llamados por Dios, todos tenemos una vocación, todos somos vocacionados. 

La Sagrada Escritura nos presenta la vocación del profeta Jeremías. El relato describe cómo Dios hace una opción de amor. Jeremías reconoce el origen de su llamada y descubre que su vocación es una experiencia de Dios, entrega y temores.

Experiencia de Dios: 

La vocación es una experiencia de fe, es vivir en la presencia de Dios, es sentir que nuestra vida está en manos desde el seno materno. “Antes de formarte en el vientre de tu madre, te elegí” (Jr 1, 5a). “Jeremías no puede pensar en su vida sin pensar a la vez que la llamada divina la precede. Tiene experiencia de la primicia absoluta del amor de Dios hacia nosotros. Igual que un niño que empieza a vivir, ve que sus padres lo han preparado todo para él, la experiencia creyente y vocacional de Jeremías se halla desde el principio ante la llamada de Dios”. (La Vocación en la Biblia, Carlos María Martini).

Jeremías es concebido y nace para una misión, ser profeta. Él nos enseña que ninguna vocación es una casualidad sino el querer de Dios. La vocación es un regalo de Dios. 

Experiencia de entrega:

Jeremías acoge la misión, la oferta de entregarse a Dios y a su pueblo. Asume con valentía el reto de ser la voz de Dios para sus hermanos. La experiencia de Dios en su vida fue entregarse, totalmente y sin reservas, “como profeta de las naciones”. 

El joven profeta encuentra en las palabras del Señor la raíz de su entrega: “Antes de que fueras dado a luz, te consagré”, (Jr 1,5b). La consagración consiste en apropiarse algo para una tarea sagrada, es hacer la opción de vivir animado por la Voluntad de Dios haciendo opciones de fe concretas en una vocación, estilo de vida o servicio. Jeremías reconoce que ha nacido para ser profeta.  De él podemos aprender a descubrir que siempre la razón de nuestra vida la hallamos en la unión con Dios y en la entrega a los demás. 

Experiencia de temores:

Jeremías, aunque tuvo una experiencia fuerte de encuentro con el Señor, es un pobre ser humano, con bondades y limitaciones. Él supo ante el misterio de la llamada, colocarse con disponibilidad delante de la grandeza de Dios y apreciar su pequeñez y sus temores. ¿Pero quién no los tiene? Naturalmente sintió temor, pues sabía que la misión no iba a ser fácil. 

Jeremías siente que no posee las cualidades, elocuencia o destrezas para esta misión, y eso lo llena de cierto temor. Conoce sus limitaciones humanas, su poquedad y fragilidad. A veces, delante de esta u otra vocación o misión, podemos llegar a concluir que “no somos dignos”, porque consideramos que no contamos con tal o cual habilidad o talento, o porque, aunque siento un llamado particular, pienso que no cuento con los méritos o virtudes. ¿Acaso quién nos llama no nos conoce? La vocación está por encima de “sentirme digno o no”. Es bueno recordar que nadie es digno de la llamada de Dios. La vocación más que “dignidad” es misericordia. 

La vocación es un gesto misericordioso de Dios, una llamada personal siempre es sostenida por la Gracia de Dios, la cual nos ayuda responder sí todos los días. Jeremías fue llamado a despertar a su pueblo siendo muy joven. “En su temor dijo: ¡Ay Señor! Mira que no sé hablar, porque soy demasiado joven”, (Jr 1,6). Pero el Señor le pidió que no dijera eso (Jr 1,7), y agregó: “No temas delante de ellos, porque estoy contigo para librarte”, (Jr 1,8). La entrega del profeta Jeremías a su misión muestra lo que es posible si se unen la frescura de la juventud y la fuerza de Dios”, (Chr V n.10).

Los temores son parte de la fe. No tenemos que asustarnos de tenerlos, son más bien una oportunidad para reconocer que la vitalidad, fuerza y seguridad del llamado está siempre en Dios.  

Citas bíblicas 

***. – “Antes de formarte en el vientre de tu madre, te elegí”, (Jr 1,5a). Ninguna vocación es una casualidad sino el querer de Dios. 

***.-. “Antes de que fueras dado a luz, te consagré”, (Jr 1,5b). La consagración consiste en apropiarse algo para una tarea sagrada, es hacer la opción.

***. – “No temas delante de ellos, porque estoy contigo para librarte”, (Jr 1,8). Los temores son parte de la fe. No tenemos que asustarnos.  

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