Reflexión cristiana sobre la importancia del perdón en las relaciones humanas, destacando cómo perdonar y pedir perdón trae libertad, sanidad interior y renovación espiritual.
Por Vilma Calderón
Mateo 6, 14.“Porque si ustedes perdonan a los hombres sus ofensas, también el Padre celestial les perdonará a ustedes.”
El perdón es fundamental para las relaciones humanas. Todos tenemos alguna cuenta pendiente con alguien. Algún dolor no sanado. Puede ser con el esposo (a), hijos, compañeros, familia, amigos; todos necesitamos perdonar y ser perdonados.
El perdón es eliminar toda amargura, ira, enojo, gritos, maledicencia y toda malicia. Es despojarse de un peso que carcome. Es sacar el clavo que se tiene incrustado, antes de que se oxide dentro y traiga peores molestias y enfermedades. Es necesario saber qué es lo que me duele o incomoda y los sentimientos que esto me ocasiona.
¿Cómo perdonar? No dando vueltas al asunto, no usarlo cada vez que queremos ir en contra del otro. No permitiendo que la situación se interponga entre ambos, ni que perjudique la relación. En toda situación siempre tenemos algo que perdonarnos a nosotros mismos y perdonar al otro.
A veces, somos despiadados y no perdonamos. El no perdonar es esclavitud que colocas en tus propios hombros y en tu vida. Es desperdiciar un sentimiento sin la oportunidad que tienes hoy para sentir y demostrar amor. Tú mereces ser libre y la libertad la da el perdón.
El perdón ayuda a ambas partes: al que lo da y al que lo recibe. Brinda al que lo recibe el sentimiento de alivio que trae el haber sido perdonado de una manera incondicional.
Perdonar es sincerarse con uno mismo y luego con ese otro, aunque sea en la distancia. Es desbordar en Dios el dolor. Deja ir la ofensa, el pasado. Aparta ya los sentimientos malos. Sepáralos de ti para permitir el paso de cosas nuevas, sentimientos nuevos. Que algo en ti y en los demás que viven contigo empiece nuevamente.
Abre la ventana a Jesús, fuente de todo perdón, y serás liberado. Jesús sana las heridas de tu alma y te libera; resucita en él para renacer a la vida. Dios se basa en el amor, perdona al que se arrepiente de corazón y esta es la base para poder hacerlo también nosotros.
El perdón abre el orificio por donde se cuela el amor. Entra la luz. Se ventila el alma. Al cambiar del odio al amor cambia la atmósfera, el ambiente en el que estás. Cambia tu humor, se borran los resentimientos de tu rostro, mejora tu salud física, mental y espiritual; habrá armonía, paz, alegrías. Cambia tu vida y la de los demás que viven a tu alrededor.
Ora por la persona que te hirió.
Ni siquiera te darás cuenta cuando se han sanado tus heridas y el rencor hacia ella. Lograrás querer de nuevo a esa persona o dejarla ir, soltarla. Serás feliz desde ese momento.
Hay cosas simples que se hacen grandes si no se reconoce la culpa y se pide perdón a tiempo. Muchas relaciones bonitas se han perdido por falta de perdón.
