Aunque Panamá es uno de los países con mayores recursos hídricos de la región, miles de familias enfrentan suspensiones prolongadas en el suministro de agua potable. La situación afecta la salud, la economía familiar y la dignidad humana, especialmente en las comunidades más vulnerables del país.
Karla Díaz
En un país privilegiado por sus abundantes lluvias y recursos hídricos, miles de personas continúan enfrentando dificultades para acceder a un servicio tan básico como el suministro de agua potable. La situación pone en evidencia una realidad desigual que afecta la calidad de vida de miles de panameños y plantea interrogantes sobre la gestión de un recurso esencial para la vida.
Las quejas por la falta de agua son recurrentes en sectores de Panamá Norte, Panamá Oeste, San Miguelito, Tocumen, Chepo, Herrera y Los Santos. Mientras algunas comunidades reciben el servicio de manera continua, otras deben esperar durante horas o incluso semanas para abastecerse.
Una de las usuarias afectadas es Eloisa Martínez, residente de La Primavera, en el corregimiento de Pedregal. A pesar de vivir a pocos kilómetros de la ciudad y contar con un tanque de almacenamiento cercano, asegura que en su comunidad llevan más de cinco años sin recibir agua por las tuberías de sus hogares.
“Hace algunos años nos abastecíamos a través de un acueducto rural, pero a medida que la comunidad fue creciendo, el suministro se volvió cada vez más escaso. Actualmente tenemos más de cinco años sin que llegue agua por los grifos de nuestras viviendas”, relata.
Martínez explica que los residentes han sostenido reuniones con autoridades locales y representantes comunitarios, pero hasta el momento no han recibido una solución definitiva.

La realidad cambia drásticamente en otros sectores. En Los Cántaros, Nuevo Tocumen, Carmen Rodríguez afirma que su familia cuenta con agua potable las 24 horas del día.
“Aquí siempre hay agua, no tenemos ese problema, pero conozco de barriadas muy cerca de aquí que no corren con la misma suerte”, comenta.
La desigualdad se observa, incluso, entre comunidades vecinas. Angélica Toribio, residente de Monte Madero, en Pacora, señala que mientras algunas calles reciben agua de forma regular, otras deben esperar hasta altas horas de la noche para recoger lo poco que llega.
Dignidad humana
Para el sacerdote y sociólogo Eusebio Muñoz, la crisis del agua trasciende el ámbito de la infraestructura y toca directamente la dignidad de las personas.
A su juicio, la desigualdad en el acceso al agua refleja problemas estructurales relacionados con la burocracia, la corrupción y la falta de planificación. Además, cuestiona que, pese a las inversiones realizadas durante años, aún existan comunidades enteras dependiendo de carros cisterna para satisfacer necesidades básicas.
A pesar de contar con una de las infraestructuras de potabilización más robustas de la región, el país afronta una profunda disparidad en la continuidad del servicio.
Muñoz considera que el crecimiento desordenado de barriadas y proyectos habitacionales ha agravado la situación. Según explica, muchas urbanizaciones se desarrollan sin contar con la capacidad necesaria para garantizar el suministro a sus residentes.
“No hay dignidad humana cuando una persona tiene que levantarse en la madrugada para recoger agua, lavar un poco y prepararse para ir a trabajar”, sostiene.
El sociólogo advierte además sobre los riesgos sanitarios que genera el almacenamiento de agua en recipientes improvisados, los cuales pueden convertirse en criaderos de mosquitos transmisores de enfermedades como el dengue.
Para Muñoz, el acceso al agua debería ser una de las principales prioridades del Estado. “Aquí el problema no es la falta de agua, sino la falta de voluntad política”, afirma.

De acuerdo con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Panamá lidera el consumo de agua por habitante en Latinoamérica con 507 litros diarios por persona.
Además, el IDAAN pierde o no factura aproximadamente el 40.8% del agua que produce debido a fugas en las tuberías y conexiones ilegales.
Con el objetivo de aliviar la crisis de suministro, el gobierno ejecuta un plan de intervención tecnológica simultánea en 21 plantas potabilizadoras (incluyendo proyectos clave como Sabanitas II en Colón) para optimizar la toma de agua cruda y aumentar la producción.
La Planta de Chilibre (Federico Guardia Conte), ubicada en la provincia de Panamá, es la más grande del país. Abastece a más de un millón de habitantes en la Ciudad de Panamá y el distrito de San Miguelito.
Mientras algunas familias disfrutan del servicio sin interrupciones, otras continúan enfrentando una realidad marcada por la incertidumbre y la escasez. La pregunta que surge es inevitable: ¿por qué ocurre esta situación en un país donde el agua abunda? Las respuestas apuntan a problemas de infraestructura, planificación y gestión que serán abordados en una próxima entrega, donde hablan las autoridades y la sociedad civil.
