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Acompañarse en la salud y en la enfermedad

Los problemas en la vida de pareja pueden venir, relacionados con el tema de la salud: del esposo, de la esposa, o de los hijos. Cuando la enfermedad ya está diagnosticada o ya cuando los síntomas ya empiezan a aparecer, no es normal que surjan sentimiento de gozo ni de aceptación; sino múltiples sentimientos negativos en quien lo padece y en quien lo ve. El dolor, la pena, el temor de que la cosa vaya a peor, y la angustia ante la impotencia o acaso ante la falta de dinero para un tratamiento adecuado.
Porque esos problemas de salud complican casi siempre lo doloroso de la situación por el desequilibrio económico que ocasionan, dado lo caros que suelen ser los tratamientos necesarios y los costos de las medicinas.
Hay casos en que no se trata de simple desequilibrio, sino de imposibilidad para cubrir tantos gastos con los ingresos que se tienen en casa. Agravándose todavía más el asunto cuando resulta inútil todo lo que se gasta, pero sería obligado hacerlo por razones de humanidad.
Ojalá en la familia no haya motivos para reproche por no haberse prevenido mejor, por no haberse cuidado, por ejemplo ante el alcoholismo, o por tener una predisposición hereditaria como en el cáncer o por haber tenido relaciones indeseables donde uno contrajo VIH SIDA irresponsablemente.
Las peleas por causa de ello serían lo peor que podría ocurrir. Dándose buenos consejos o palabras de aliento conversando, se puede conseguir el verse acompañados en el dolor, pero poco más; ya es algo, pero insuficiente.

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