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Albergue para los adultos mayores enfrenta desafíos

Un país destruido, un barrio masacrado a causa de la invasión a Panamá, en diciembre 1989. En este escenario nace un hogar para ancianos por iniciativa de una Hermana de la Congregación Meryknoll, que hoy lucha por mantener la obra.

Betzaida Toulier U.

Roberto Herrera dormía debajo de una mesa en el Mercado Central. Era el 20 de diciembre de 1989, noche de la invasión norteamericana. “Italia”, como se le conoce, fue recogido y llevado a las barracas instaladas en Balboa, para ser atendido, junto a un grupo de ancianos.

FUNDACIÓN NUEVA VIDA
BANISTMO
Cta. Corriente
# 0100684852

Han pasado 30 años desde que fue auxiliado y aún permanece bajo la protección de la Fundación Nueva Vida, albergue legalmente constituido en 1991 para atender a este sector de la población panameña.

A sus 90 años, Roberto Herrera lleva una vida con dignidad, además goza, junto a otros 73 ancianos, de todas las atenciones para su seguridad y bienestar físico, mental y espiritual, y el cuidado amoroso de la religiosa, fundadora del albergue, Geraldine Brake (Sister Gerri) de la Congragación Meryknoll.

Breve reseña

Desde que la Hermana Gerri llegó a servir a nuestro país, el Arzobispo de Panamá, Monseñor Marcos Gregorio McGrath, no dudó en apoyarla para establecer el hogar de ancianos en las instalaciones del antiguo leprosario de Palo Seco, con el nombre de “Brisas del Mar”.

En 1989, la iglesia en conjunto con la sociedad civil respondió a la necesidad de auxilio a los damnificados de El Chorrillo, en el antiguo pabellón de ingeniería militar de las Fuerzas de Defensas, convertido en una clínica hogar. Monseñor McGrath volvió a confiar esta delicada empresa a la religiosa. “Habían perdido sus hogares y sus pertenencias durante los sucesos del 20 de diciembre”, recuerda la religiosa.

Los 68 ancianos, 40 mujeres y 28 varones, entre los que se encontraba “Italia”, habían estado antes en hangares de Balboa junto a 3,000 personas más damnificadas de la invasión.

NUEVA VIDA. Los residentes, que provienen de todos los estratos sociales y rincones del país, viven en un ambiente de encuentro con Dios. (Foto Raúl Petri)

Una obra que perdura

La Fundación cumple 30 años este mes de mayo. Para la Coordinadora Pastoral Sister Gerri, representan tres décadas “enfrentando grandes retos con la ayuda y generosidad de muchos benefactores permanentes o eventuales; constituido alianzas con distintas instituciones públicas y privadas, corporaciones, fundaciones, academia y voluntarios”.

Hoy, la fundación vive otro gran reto, las consecuencias de la pandemia. La fundación vuelve a contar con la ayuda generosa de la sociedad civil, acudientes y colaboradores que han hecho posible su aporte para proteger a los ancianos de ser contagiados, pero no es suficiente para una obra de atención integral.

“Además de la seguridad física, una alimentación balanceada, atención médica, psicológica y fisioterapia, nos ocupamos de brindar terapia cognitiva, musical y ocupacional, incluyendo atención espiritual, detalla la administradora Beatriz Grando.

Explicó que, entre los residentes, el 39% son hipertensos, 25% sufren de enfermedades mentales como esquizofrenia, depresión, agotamiento por estrés, síndrome de persecución, etc. El 25% padecen de Alzheimer, demencia vascular, senilidad; el 13% diabéticos. En menor cantidad están los residentes que padecen las secuelas de ACV, Cardiopatías, problemas de tiroides, etc.

Demanda de Servicios

En los últimos meses se ha observado un incremento substancial en la demanda de los servicios, de manera particular para encamados o personas en fase terminal por enfermedades como cáncer, diabetes y otras”, detalló la administradora.

Sin embargo, el albergue debido por falta de recursos disponibles como: personal especializado (enfermeras), médicos de planta, infraestructura física y costosos equipos. “no podemos ofrecer estos servicios, lamentó.

A esto se une, la necesidad de mejorar la capacitación de los colaboradores y lograr alianzas para promover actividades que permitan la sustentabilidad del hogar, así como mejorar aspectos relacionados con terapia ocupacional y cognitiva para residentes con demencia, todo lo cual requiere personal especializado muy costoso.

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