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Albergue San Juan Pablo II necesita colchones, ayuda médica y voluntarios

los interesados en apoyar pueden hacerlo a: Iglesia Católica – Centro de Atención San Juan Pablo II, Banco general, cuenta 03-79-01-1154-29-8 – cuenta CORRIENTE.

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El lunes diez internos estaban instalados de manera plena, cada uno en su rincón, con la cama bien hecha y sus artículos personales (útiles de aseo, novelas románticas, Biblias y devocionarios) dispuestos en la cabecera de la cama.

–Hay que ver cómo alguien que vive en la calle, cuando obtiene un sitio para establecerse, lo primero que hace es disponer de su espacio, su pequeño reino, su lugar de dignidad–.

Para este fin de semana, el número de internos se elevó a 14, aunque dos de ellos debieron ser llevado grave al hospital.

Uno de los últimos que entró deambulaba por el sector de Los Andes, y un sacerdote se apiadó de él, lo invitó a dormir en el templo, y luego llamó al Albergue San Juan Pablo II para saber si lo podían atender, pues nadie quería hacerse cargo.

Este señor fue llevado al hospital, pues su estado de salud no pintaba bien. Al momento de redactar esta nota, el propio director López estaba en el centro médico esperando el diagnóstico definitivo: cáncer de pulmón, y en su fase terminal.

Dulce Ana es una señora que frecuentaba el centro de Calidonia, y que también debió ser llevada de urgencia al hospital, con pronóstico no muy alentador.

El último de los casos atendidos es el de un joven que vivía de manera menesterosa en los bajos de un templo. Los vecinos se quejaron, llamaron a las autoridades, subieron y bajaron las solicitudes, y al final nadie quiso hacerse cargo.

Solo el Centro San Juan Pablo II, por supuesto.

“¡Claro que sí, tráiganlo!”, fue la respuesta sin dobleces ni condiciones del director Ariel López. Se trata de un chico que eventualmente debió ser llevado a consulta psiquiátrica. Tal vez sea llevado a un lugar donde le puedan dar la terapia debida, explicó el dirigente de esta obra de misericordia.

Salud mental

Este es el aspecto –la salud mental– que primero preocupa a Ariel López. Fue lo inicial que mencionó cuando se le preguntó qué es lo que se necesita para mantener el albergue.

López mismo es sicólogo, y recibe ayuda de especialistas con bastante asiduidad, principalmente de estudiantes de psicología que se hacen voluntarios.

En los cuatro centros que llevan el nombre del santo papa polaco, la terapia psico-espiritual es vital, y se sigue requiriendo de este apoyo especializado, lo mismo que de médicos y enfermeras para salvaguardar la salud física.

“Nuestro principal objetivo es devolverle la dignidad al ser humano, a esos hombres que viven debajo de un puente o en un parque. El Centro San Juan Pablo II es la Iglesia de Misericordia que abre sus puertas para ellos”, señaló Ariel López.

Para poder ingresar al albergue, los pobladores de calle deben someterse a pruebas de VIH, hepatitis y sífilis, para luego pasar a la entrevista y a la prueba sicológica. La entrada es libre, y también la salida.

Dadores

Los voluntarios son tal vez la columna vertebral de esta y todas las obras misericordiosas de la Iglesia.

Aunque son muchos los que han sido tocados en su corazón, siguen haciendo mucha falta en el proyecto San Juan Pablo II, principalmente el área médica y de enfermería.

El soporte económico que sirve de base para estos proyectos viene de la Campaña de Promoción, es decir, todos esos católicos que contribuyen a través de las alcancías que anualmente reparten las parroquias.

“Hay muchas personas que han sido solidarias (creyentes y no creyentes), de manera especial en este tiempo de crisis”, señaló Ariel, especificando que las donaciones van desde artículos de aseo, hasta ropa y alimentos.

Por encima de la fe

El arzobispo por su parte invitó a todos los fieles de la Arquidiócesis para que se sumen a esta obra, aunque advirtió que cuando se trata de este tipo de proyectos, la situación se encuentra “por encima de la fe”.

Esperamos que se sumen “hombres y mujeres de buena voluntad que crean en la dignidad del hombre (…) estos hermanos necesitan oportunidades y sentirse queridos”, subrayó el arzobispo.

Monseñor Ulloa destacó: “Si hay una herramienta que ha ido transformando la vida de tanta gente que ha llegado a este centro, es que aquí no juzgamos a nadie; le tendemos la mano, y el que quiere salir sabe que siempre tendrá en nosotros una mano amiga para ir caminando a su lado”.

“Los pobres no pueden esperar”

El Albergue y todos los otros centros que maneja la Iglesia para beneficio de la población de calle, están inspirados en el pensamiento de San Pablo II.

Fue este Santo quien enseñó que las carencias de los más necesitados no admiten pausas, ni demoras, ni burocracia.

“Por eso, en medio de esta pandemia, hemos utilizado uno de nuestros edificios para preparar un albergue para los pobladores de la calle”, señaló el arzobispo de Panamá, José Domingo Ulloa Mendieta”.

El arzobispo agregó: “Todos los parámetros con los que hemos levantado este albergue se han establecido para rescatar la dignidad que toda persona tiene”.

“Por encima de cualquier cosa, la dignidad de estas personas es lo más importante para nosotros”, apuntó Monseñor Ulloa, quien subrayó que no importa la fe ni el origen: todos serán bien recibidos en el albergue.

El Arzobispo agradeció a todas las personas que han creído en este proyecto, especialmente a la gobernadora Judy Meana. “Hemos tenido un gran apoyo en ella”, resaltó Monseñor.

“Por ahora vamos a darle cabida a 15 hermanos, y después iremos ingresando a otros más que andan deambulando por la calle. Le pondremos sobre sus cabezas un techo y le daremos comida caliente”, indicó el arzobispo.

Desigualdad

El albergue San Juan Pablo II no fue un accidente ni es coyuntural. Hace mucho que el Arzobispo hablaba del tema.

Desde hace tiempo era necesario un albergue así porque “el Covid-19 encontró un país con problemas de desigualdad y debilidad de muchas instituciones de asistencia social, y el déficit de la democracia”, indicó Maribel Jaén, coordinadora de la Pastoral Social-Cáritas.

Jaén añadió que “esa realidad muchas veces se escondía por el crecimiento de tantos edificios, pero la realidad social de pobreza se anteponía”.

Según la coordinadora de Pastoral Social, la pandemia nos plantea una “nueva visión de ciudadanía y del compromiso social del laico, así como nuevos modelos de vida y económicos, donde el centro sea la persona”.

De acuerdo a Jaén, “el nuevo modelo debe velar por el cuidado de la Creación y nuevas relaciones más humanas”. A nivel de Iglesia, nos plantea que “en la dimensión profética y litúrgica tienen que estar integrada la dimensión social, porque tenemos que superar la relación individualista con Dios, para entender que nuestra fe se hace presente en el otro.

“Este albergue es parte de un acompañamiento que hace la Iglesia de manera permanente, no a partir de la pandemia”, subrayó la también abogada Jaén.

La licenciada concluyó: “lo que la pandemia nos está reflejando es que la Iglesia ha tenido que ampliar sus pastorales de promoción social, porque esta crisis nos deja resultados sociales profundos y de escándalo para los católicos, quienes creemos en un Dios que ha venido al mundo para que hombres y mujeres vivan con dignidad”.

La voluntaria

Elida Justiniani es una de las voluntarias del proyecto, tanto en Calidonia como en el nuevo albergue. Es una de esas personas que cuando se encontró con el rostro de Cristo en los pobladores de calle, ya no pudo resistirse y se lanzó.

Aunque no lo dijo con esas palabras, fue quien se encargó de la “decoración” del albergue, trayendo de su casa cuadros, imágenes, adornos, y toda lo que cupiera en su auto.

También se encargó del pastel para celebrar los 100 años del nacimiento de San Juan Pablo II, y los cuatro del centro de Calidonia.

“Devolver algo de lo mucho que Dios nos ha dado es algo que no tiene nombre (…) nuestra vida ha cambiado gracias a este apostolado”, resalta Elida.

El interno

El bocatoreño Héctor Manuel Quintero asegura que la pandemia lo atrapó en la capital, y le impidió volver a su provincia.

“Quedé en las calles, y gracias a Dios ahora tengo este lugar donde me dan techo, comida , aire acondicionado y amor”, señala con aplomo y seguridad.

La palabra que más repite cuando habla es “Gracias”. Está agradecido con las personas e instituciones que le han dado comida, ropa y zapatos.

¿Y qué les dice a las otras personas que están en las calles? “Que vengan, que acudan a este lugar que Dios ha abierto (…) todos esos que en medio de la pandemia están tirados en las calles, sin ayuda de nadie, vengan que aquí la Misericordia nos va a alcanzar”.

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El sitio, un antiguo colegio católico, cuenta con una gruta dedicada a la Virgen María, junto a una cancha de juegos y un amplio comedor.

Cuatro años tras las huellas de San Juan Pablo II

El albergue no es el primero ni el único de los proyectos con el nombre del santo polaco.

Cuatro años han pasado desde que se inauguró el Centro de Calidonia, donde se atiende a las trabajadoras sexuales, los travestis y transexuales que se dedican al sexo servicio callejero, así como a otra población de calle, principalmente drogodependientes.

En el distrito de La Chorrera también hay un albergue, donde ocho personas de la calle residen de manera temporal, pero donde también se atiende a otra población de calle a la que se le ofrece cortes de cabello, comida y ropa limpia.

Existe un cuarto centro, esta vez para jóvenes, que busca ser una opción para prevenir el delito, el uso de drogas y la violencia en San Miguelito.

Los cuatro proyectos están dirigidos a personas a las que, en apariencia, se les acabó el camino y no les queda otra alternativa que la calle y el malevaje.

Estos cuatro centros han sido posibles gracias a la confianza que el arzobispo José Domingo Ulloa Mendieta ha puesto en Ariel López, el joven sicólogo que los atiende, y por supuesto gracias al apoyo de gente de buena voluntad, como la gobernadora Judy Meana, quien respaldó la obra apenas llegó al puesto hace un mes.

“En este tiempo de crisis, muchas personas nos han ayudado, creyentes y no creyentes, inclusive ha permitido que nos unamos con personas de otra religión que creen en el proyecto”, señaló Ariel López.

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