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Asistencia humanitaria a migrantes y solicitantes de asilo va en aumento

Marianne Colmenárez 

No menos de veinte personas extranjeras llaman diariamente al teléfono del Hogar Luisa, solicitando albergue o pidiendo alimentos. La lista de solicitantes con múltiples necesidades se acrecienta. 

Familias enteras que viven el estrés emocional de ser desalojados o que lamentablemente no han recibido ningún tipo de ayuda alimenticia, por parte del gobierno u otras instituciones.   

En vista de esta realidad, la Pastoral de Movilidad Humana de la Arquidiócesis de Panamá  ha promovido a través de sus redes sociales la solidaridad hacia esta población. Ofreciendo como muestra de agradecimiento a sus donantes y benefactores una mascarilla, con la que se nos recuerda que ¡Jesús también fue un refugiado! 

Jorge Ayala, director de esta pastoral y del Hogar Luisa, albergue de la Iglesia Católica;  señala que lamentablemente en nuestros días, millones de familias en el mundo pueden reconocerse en esta triste realidad. “A diario vemos en los medios de comunicación cómo nuestros hermanos huyen del hambre, de las dictaduras, guerras y persecuciones, en busca de paz y de una vida digna para sus familias”, afirmó.

Agrega que el Papa Francisco recordó en su mensaje para la Jornada Mundial del Migrante y Refugiado 2020, la huida a Egipto del niño Jesús. “Él, junto a sus padres, vivió la trágica condición de ser desplazado y refugiado, marcada por el miedo, la incertidumbre, las incomodidades” dijo.

Hasta la fecha han recibido 2,500 solicitudes. “Hemos podido llegar a hogares que no habían recibido apoyo, gracias al Programa Panamá Solidario y a la Pastoral Social-Cáritas Arquidiocesana”, reiteró. 

Ayala agradece a los donantes particulares que han depositado a la cuenta # 03-18-01-103962-6 del Banco General a nombre de Iglesia Católica Hogar Luisa. “Hemos podido solventar los gastos alimenticios de los niños y adultos que tenemos en nuestros albergues”, señaló.

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Niños en la selva

Como muchos extranjeros, esta familia está viviendo de la caridad.

El hijo menor de esta familia cubana se llama Darién. Su madre Gladis Lisandra Pérez le puso ese nombre como recuerdo del difícil momento que vivieron al traerlo al mundo en plena selva panameña. 

Hace año y medio, su familia y hermanito mayor, Liusnel, viajaron desde Trinidad y Tobago hasta Metetí. 

Luego de 15 días de recorrido pudieron superar esa dura prueba en la que muchos migrantes han perdido la vida.  Actuamente viven en uno de los albergues de nuestra Iglesia Católica, en Cáritas, ubicado en Ancón. En este momento también reciben apoyo en la alimentación. 

Por la pandemia, Gladis ya no puede trabajar como doméstica, su esposo Yusnel espera que este otro duro momento pase. Él estaba colaborando en una abarrotería de la ciudad. 

En el Hogar Luisa reside otra familia cubana. Yanelvis Viltres, junto a su esposo y hermano atravesó la selva teniendo siete meses de embarazo. Hace quince días, la familia con el bebé tuvo que desalojar las instalaciones de un autolavado donde pernoctaban.  

Según la UNICEF, alrededor del 50% de los niños migrantes que cruzaron la selva del Darién, en el 2019, eran menores de 6 años y procedían de más de 50 países diferentes. 

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