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¿Aún quieres ser cura?

La grandeza del sacerdocio viene del puro amor de Dios y a la vez de la peque­ñez de la persona que asume tan gran don, tan inmerecido don.

En las redes sociales encontramos muchas cosas que, en medio de los golpes duros que sufre la Iglesia, da esperanza a muchos. Como bien sabemos todos, estamos viviendo en nuestros presbiterios y con nuestras comunidades, muchos golpes que cada vez más siguen golpeando más y más nuestra fe.

Ser sacerdote es todo un acto de humildad en la pobreza y de confianza en Dios. Cuánto bien nos hará siempre como él orar con aquello que el Obispo les dice en la ordenación “Dios que comenzó en ti la obra buena, Él mismo la lleve a término”.

El sacerdocio católico es la dignidad más excelsa que existe sobre la tierra, el gran Don que Dios se digna conceder a pobres criaturas, saturadas de defectos y miserias.

Por otro lado, de cara a nuestras comunidades y a nuestra sociedad, hemos también de trabajar para que se valorice cada día más la grandeza del sacerdocio, no por nosotros mismos personalmente, sino por el tesoro que llevamos en vasijas de barro, por el gran bien que los sacerdotes han hecho y ha­cemos a nuestros mundo desde el poder salvador de la Cruz de Nuestro Señor.

Y si esta alma llegase a morir (a causa del pecado), ¿quién la resucitará y le dará el descanso y la paz? También el sacerdote … iDespués de Dios, el sacerdote lo es todo!. .. Él mismo sólo lo entenderá en el cielo” (San Juan María Vianney).

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