editorial

Ayudar a los misioneros

¡Tantos hombres y mujeres que en el mundo entero dan todo de sí para que hermanos y hermanas que viven en las periferias experimenten el Amor de Dios! A veces parece que están solos, que nadie les atiende, no les dan la mano y están a su suerte, en territorios peligrosos y en ocasiones inhóspitos.

No todo esos enunciados son ciertos. Algunos están aquí cerca, en el mismo barrio donde vivimos; han dejado su patria y sus raíces para venir a servir en Panamá, nación a la que le dedican largas jornadas de entrega enamorada. Viven en comunidades, algunas parroquiales, y comparten como vecinos y vecinas amables sus humildes tesoros.

Es cierto que una hermosa mayoría está en territorios fronterizos, allá donde escasean los recursos, y sobra la violencia. Por y para ellos, muy especialmente, debemos orar y trabajar.

Lo importante es que todos tengan la certeza de que no están en el territorio del olvido, donde la Iglesia Universal casi voltea a mirar. Para nada. Precisamente en este penúltimo día del mes de octubre los católicos del Orbe se dedican a orar por ellos, y a recolectar los fondos que están a su alcance para ayudarlos en su labor evangelizadora y de promoción social.

Esta es una fecha para ponernos de rodillas y dar gracias a Dios por la vocación de estas personas que lo dejan todo para servir al Señor en sus hermanos. Más en estos días, cuando el papa Francisco nos ha recordado que “Nadie puede pelear la vida aisladamente. […] Se necesita una comunidad que nos sostenga, que nos ayude y en la que nos ayudemos unos a otros a mirar hacia delante” (Fratelli Tutti #8): Qué mejor acción de Amor y Misericordia que esa, la fraternidad.

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