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Cámara: privacidad o cortesía

El maestro siempre será quien ponga el ejemplo, formando a través del modelaje de conductas esperadas, tanto en los triunfos como en las dificultades.

Prof. Montgomery A. Johnson Mirones, ocds

Durante este año lectivo, distancia por medios digitales, uno de los más grandes retos ha sido el de mantener una comunicación adecuada, eficiente y eficaz entre todos: colegio-padres de familia-estudiantes.  El proceso de enseñanza-aprendizaje está basado en la comunicación efectiva, sin esta, ni el profesor se hace entender, ni los alumnos podrán expresar opiniones o inquietudes.

La comunicación humana no es solo la verbal y escrita, sino que sabemos que también la corporal “habla” más de lo que sale de nuestras bocas. Los docentes por naturaleza son innatos lectores de este lenguaje corporal mudo que muchas veces grita “tengo sueño, no entiendo, me encanta su clase.” El docente, observador, podrá leer lo que dicen y no quieren decir sus estudiantes, y ese tipo de contacto es vital para asegurar un mejor proceso de enseñanza.

RETOS. El proceso de enseñanza-aprendizaje está basado en la comunicación efectiva

Ese humanismo, de la persona humana, se construye a través del encuentro entre el alumno y el docente, no solo enseñando contenido académico, sino también formando para el futuro. El maestro siempre será quien ponga el ejemplo, formando a través del modelaje de conductas esperadas, tanto en los triunfos como en las dificultades.

Para los maestros, que la naturaleza de nuestra vocación y profesión es tratar con personas, no pantallas, es muy difícil. ¿Cómo compensamos eso en la distancia? Con los momentos de clase sincrónico con videoconferencia, ya sea a través de Zoom, Teams, y otros.

Esta magia tecnológica no ha dejado de ser un debate durante el año, ya que existe la interrogante: ¿se debe usar la cámara encendida? Hay dos aristas a esta situación, tanto por privacidad como por la cortesía.

Los docentes han hecho de su sala de la casa un aula de clase.

En cuanto a la privacidad, los docentes hemos hecho de nuestros hogares oficina y salón de clase, haciendo incluso los sacrificios de costos de conectividad y de comodidad familiar, incluso usando algunos espacios de esparcimiento común para los que no tengan un estudio en su casa. De parte de las familias también, hoy en día ya conocemos terrazas, recámaras, salas, comedores, jardines ajenos. Conocemos hasta las mascotas y otros miembros de la familia que a veces acompañan involuntariamente en la clase.

ACTITUD. El lenguaje corporal mudo que a veces grita; “tengo sueño, no entiendo, me encanta su clase.”

Permitir que entren en mi casa implica una responsabilidad propia y de la familia, quien tiene que respetar ese espacio temporal y espacial para no interrumpir el proceso, con ruidos y actividades que distraen y también pueden avergonzar a los interlocutores. Respetar al otro, sobre todo al menor: no tomar fotos o grabaciones sin consentimiento, y menos compartirlos. También respetar al maestro: que miembros ajenos a la clase estén participando, fuera de vista escondidos intencionalmente (y a veces en plena vista como si fueran estudiantes más), para criticar o poner en duda la profesionalidad del docente. 

Hay situaciones técnicas y familiares, personales, que justifica no tener la cámara encendida. Fuera de ellas, es de nuestra opinión que dar una clase, o recibirla, sin hacer uso de la cámara encendida es una falta de cortesía e incluso vulnera la seguridad de todos, y de los demás compañeros que no saben quién está viendo y escuchando del otro lado de la pantalla.

Esto no es educación por la radio, donde solo escuchamos, pero no interactuamos, sino que son encuentros digitales sincrónicos en la que estudiantes y profesores tienen derecho a ver con quién están interactuando, y sirve al maestro para poder también leer ese lenguaje corporal que retroalimenta en su evaluación formativa, para no sentir que se habla solo a una pantalla.

Por nuestra parte, tomando en cuenta que todos hemos sacrificado grandemente este año, nos resulta extremadamente incómodo no haya una reciprocidad que por cortesía debo cumplir: dejarme ver y participar plenamente, y compartir con docente y compañeros de clase. Es muy incómodo no saber con quién estamos hablando y qué tanto nos están escuchando y atendiendo. Tanto adultos como jóvenes debemos asumir con madurez y responsabilidad lo que esto implica, y es una de las enseñanzas de esta pandemia: adaptarnos a las necesidades, y aunque trabajo desde casa, debo disponer mi cuerpo y mente para ello: postura, orden, vestimenta y lenguaje. Esto es respeto y disciplina.

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