CatequesisEspiritualidad

Catequesis de iniciación cristiana

Una catequesis adecuada, progresiva, orgánica, completa y sistemática durante la iniciación cristiana es primordial para lograr la transformación del hombre viejo en un verdadero cristiano

Comisión Arquidiocesana de Catequesis

El evangelista Mateo concluye el evangelio con el mandato misionero del Señor: «Vayan, pues, y hagan discípulos entre todos los pueblos… y enséñenles a cumplir todo lo que yo les he mandado», (Cf. Mt 28,19-20).  La Iglesia ha estado cumpliendo este mandato desde entonces, a través del proceso evangelizador. Reconocemos tres etapas en este proceso: etapa misionera, en la que se anuncia el kerygma, que despierta el amor a Jesucristo; etapa de catequesis, en la que se inicia a la persona en la fe y se le presentan las verdades, leyes y exigencias de seguir a Jesucristo y la etapa pastoral, en la que el cristiano se inserta en la comunidad y participa activamente de la acción pastoral de la iglesia.

La catequesis de iniciación cristiana conecta la acción misionera con la acción pastoral.

La catequesis de iniciación cristiana conecta la acción misionera, que llama a la fe, con la acción pastoral, que la nutre continuamente (DC 69). Se supone que la persona ya ha recibido la buena noticia y ha tenido ese encuentro inicial con la persona de Jesucristo; es decir, ha tenido su “conversión inicial”. Ahora, profundizando en el kerygma que ha recibido en la etapa misionera, se le presentan las verdades de la fe, así como las leyes y exigencias del seguimiento a Jesucristo.  Durante esta etapa, el creyente recibe los sacramentos de iniciación cristiana, como parte del proceso evangelizador y no como meta última de la catequesis.

Luces. La catequesis de iniciación cristiana es gradual.
La Iniciación Cristiana es un camino o itinerario de conversión y crecimiento en la fe, que introduce a la persona en el misterio de Cristo y en el misterio de la Iglesia, animando gradualmente la interiorización y la integración de todos los componentes de la vida, para suscitar la transformación del ser humano en verdadero cristiano.

La duración de esta etapa va a depender de la respuesta de fe del creyente; es decir, de cómo vaya madurando su fe. Siempre podrá regresarse al kerygma, cuantas veces sea necesario, para que la fe queda bien cimentada.  Para lograr esto, la catequesis no se limita a una enunciación de doctrinas y verdades, sino que se hace vivir el Evangelio, siguiendo un itinerario de forma sistemática, sin improvisaciones, tocando todos los componentes de la vida cristiana.

 

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