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"Colón no se va a arrodillar ante nadie, solo ante Dios”, afirma monseñor Ochogavía

"Colón no se va a arrodillar ante nadie, solo ante Dios”, afirma monseñor Ochogavía

Durante la cita eucarística celebrada en la Arena de Colón, bajo una pertinaz lluvia, el obispo de la diócesis de Colón-Kuna Yala destacó el aporte y la resistencia de la comunidad afroantillana y llamó a la Iglesia a no guardar silencio ante la corrupción, la opresión y las injusticias que afectan al pueblo.

Por Redacción

“Colón no se va a arrodillar ante nadie, solo ante Dios”, afirma monseñor Ochogavía

Bajo una pertinaz lluvia, feligreses procedentes de distintas comunidades de la diócesis de Colón-Kuna Yala fueron llegando hasta la Arena de Colón para participar en la cita eucarística, una celebración marcada por la fe, la memoria histórica y un llamado a mantener viva la voz de la Iglesia frente a las realidades que afectan al pueblo panameño.

Durante su homilía, monseñor Manuel Ochogavía agradeció a Dios por la vida y los aportes de la comunidad afroantillana, al tiempo que destacó su papel fundamental en la historia y en la construcción de Panamá.

El obispo recordó que muchos afroantillanos llegaron al país procedentes de Barbados, Gran Caimán y otras islas del Caribe para trabajar en las grandes obras de infraestructura, particularmente en la construcción del Canal de Panamá. Muchos de ellos entregaron su esfuerzo, sacrificio y hasta su vida en una de las obras de ingeniería más importantes del mundo.

“Dieron su sangre por la obra de ingeniería más grande del país”, expresó Ochogavía, al reconocer la contribución de quienes hicieron posible aquella gigantesca empresa y que hoy forman parte de la historia de una vía interoceánica que, como recordó, pertenece a todos los panameños.

Pero su aporte, señaló, no se limitó al trabajo. Los afroantillanos también fueron incorporándose a la sociedad panameña, aprendiendo y compartiendo costumbres, expresiones culturales, bailes y comidas. El tamborito y el sancocho fueron mencionados como parte de ese proceso de integración y del intercambio cultural que enriqueció la identidad nacional.

En su mensaje, el obispo reivindicó además la identidad afroantillana y llamó a vivirla con orgullo y alegría.

“Ser chombo no es malo”, afirmó, destacando que esta identidad se vive en familia, con alegría y con orgullo por los aportes que esta comunidad ha realizado al país.

La celebración coincidió con la conmemoración de los 150 años de vida, presencia y resistencia de la comunidad afroantillana en Colón y en otros puntos de Panamá. Para Ochogavía, recordar estos 150 años significa también reconocer las luchas, sacrificios y aportes de generaciones que ayudaron a construir el país.

Una Iglesia que no puede callar

A partir de la Palabra de Dios, el obispo centró buena parte de su reflexión en el profeta Jeremías, quien clama a Dios en medio de las dificultades y pide una señal y ayuda, pero mantiene la certeza de que Dios está con él, pese a las burlas y críticas que recibe por anunciar su mensaje.

Desde esta figura bíblica, monseñor Ochogavía hizo un llamado directo a la Iglesia y a los cristianos a no permanecer callados frente a las injusticias.

“Nosotros no podemos seguir callando”, afirmó.

 

 

Reconoció que la Iglesia ha guardado silencio en momentos en que debía levantar su voz, y puso como ejemplo las situaciones vividas por los maestros cuando fueron dejados sin sus salarios y los momentos en que trabajadores fueron reprimidos.

Para el obispo, la Iglesia debe asumir con valentía su responsabilidad de denunciar la corrupción, defender la vida y proteger la casa común. No debe dejarse intimidar por la opinión pública ni por quienes ejercen poder.

“No podemos tener miedo, al igual que el profeta Jeremías y Pedro. Debemos confiar en la Palabra de Dios y en su guía en nuestras vidas”, manifestó.

También llamó a los fieles a estar atentos ante la influencia que pueden ejercer quienes tienen poder sobre la tecnología y las nuevas herramientas de comunicación, para evitar que la sociedad termine creyendo que todo lo que se presenta como bueno para el pueblo realmente lo es.

 

 

“No nos van a comprar”

En otro momento de su homilía, monseñor Ochogavía pronunció una de las frases más contundentes de su mensaje: “Colón no se va a arrodillar ante nadie, solo ante Dios”.

Con estas palabras reafirmó, según expresó, el compromiso de permanecer junto a la comunidad colonense y acompañar sus luchas.

“No nos van a comprar y estaremos caminando con el pueblo en sus luchas”, sostuvo, al dejar claro que la Iglesia no debe escuchar únicamente las voces provenientes de los sectores de poder, sino también la voz de quienes viven las dificultades en las comunidades.

 

 

Una Iglesia cercana al pueblo

Ochogavía se refirió particularmente a los campesinos afectados por el proyecto de Río Indio. Cuestionó que se pretenda avanzar con el proyecto sin importar las consecuencias para quienes podrían resultar perjudicados.

El obispo invitó a los presentes a acercarse a las comunidades campesinas, conversar con sus habitantes y escuchar directamente sus preocupaciones.

“Vayan a hablar con los campesinos y escúchenlos. No son unos cuantos, son muchos”, exhortó.

Su llamado fue a no mirar la realidad nacional desde lejos, sino a acercarse a quienes sufren las consecuencias de las decisiones que se toman desde las esferas de poder.

Como parte de su reflexión, recordó las palabras de san Óscar Arnulfo Romero sobre el papel de la Iglesia frente a la injusticia: una Iglesia que provoca crisis, que hace sentir incómodo al pecado y que denuncia la opresión de los poderosos.

Para Ochogavía, una Iglesia que no denuncia la opresión y que permanece indiferente ante el sufrimiento de los más vulnerables no puede considerarse plenamente una Iglesia de Jesucristo.

La homilía concluyó con un llamado a los fieles a seguir el ejemplo del profeta Jeremías y asumir con valentía tanto el anuncio del Evangelio como la denuncia de aquello que atenta contra la dignidad humana, la justicia y el bien común.

“Seamos como Jeremías, valientes en el anuncio y en la denuncia”, exhortó el obispo, poniendo finalmente a la comunidad bajo la protección de Santa María.

La celebración eucarística estuvo animada por el Coro Centenario de la parroquia San José, que con sus voces se sumó a una jornada en la que, pese a la lluvia, los fieles respondieron al llamado y llenaron la Arena de Colón para celebrar su fe, recordar la historia de su pueblo y renovar el compromiso de

caminar junto a quienes continúan luchando por un Panamá más justo y solidario.