DiócesisVicariato Apostólico del Darién

Comarca emberá, cultura y tradición

En las zonas misioneras del Vicariato Apostólico de Darién que son atendidas por sacerdotes diocesanos y claretianos, con acompañamiento pastoral de hermanas claretianas y de otras congregaciones, la realidad social e incluso el papel las familias indígenas está marcado por las tradiciones y las costumbres.

Alexandra Morales, directora de la emisora Voz Sin Fronteras, abogada del Vicariato y responsable de la Pastoral de Comunicación, explicó que la mujer Emberá en sus inicios se encontraba en las partes más remotas de la selva y se organizaba en pequeños grupos sociales, a menudo no mayores que un par de familias. Pero esta realidad ha cambiado con el paso de los años, ubicando a la mujer en posiciones importantes incluso a nivel pastoral.

El matrimonio fue en gran parte segregado entre los Emberá Wounaan, pero ahora se produce el matrimonio mixto, que es realizado con extraños; con negros o mestizos todavía no es común, pero suele suceder en algunos pueblos. La introducción grupal proporciona identidad cultural y solidaridad.

Agregó Morales que como parte de esa culturización de la fe, estos pueblos indígenas se han ido involucrando poco a poco en las realidades de la Iglesia.

El hogar en este sector tiene actualmente un promedio de seis o siete personas, que sirven como un grupo doméstico básico en la sociedad Emberá Wounaan. Por lo general, contiene uno o más pares y sus descendientes. La casa es manejada tradicionalmente por el jefe de la familia, el hombre. La subsistencia requiere la colaboración grupal, y los hogares continúan como la entidad económica que comparte los alimentos.

Morales destacó que en las familias indígenas, en lo que se refiere a la transferencia y herencia de la tierra y la propiedad, por tradición se encargan los hombres del hogar.

Su Cultura

Las mujeres permanecen prácticamente desnudas, usan faldas modernas con tejidos osados conocidos como Paruma, y envuelven su cuerpo hasta las rodillas, detalló la directora de la emisora Voz Sin Frontera. Debido a los diversos colores y diversidad de telas escogidas por las mujeres, las confeccionan por temporada.

Tanto el hombre como la mujer decoran su cuerpo con tatuajes hechos con un colorante de una fruta nativa llamada Jagua. También utilizan una tinta roja hecha de achiote.

Las mujeres cubren sus pechos con collares intrincados de cuentas de plástico y ornamentales hechos con decenas de monedas. También les gusta añadir un poco de color rojo a sus rostros con la coloración natural del achiote. Recientemente, el lápiz labial y el rojo reemplazaron el achiote.

El pigmento permanece embebido en la piel hasta que la capa externa exfolia naturalmente, proceso que generalmente dura entre 10 y 12 días. Las mujeres por lo general son quienes se encargan de pintar a los niños y hombres de la comunidad.

La pintura corporal de Jagua todavía se utiliza para todas las cele- braciones y es una de las costumbres más duraderas e importantes en el pueblo de estos hermanos indígenas.

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