Actualidad

Como San Juan Bautista aprendamos a ser cumplidores fieles de nuestra misión en el mundo, invitó Monseñor Ulloa.

[email protected]

Hoy 24 de junio, Solemnidad de San Juan Bautista, el Arzobispo de Panamá, José Domingo Ulloa Mendieta exaltó este día como especial en la iglesia universal, y en nuestra iglesia panameña, pues muchos pueblos como Chitré, Macaracas, Penonomé, Antón, Aguadulce, Boquete, lo tiene como su patrono.

“Todas estas poblaciones conmemoran esta fiesta del precursor en medio del fervor religioso, las costumbres y tradiciones que desde antaño tratan de rescatarse año tras años y que forman parte de su identidad”, manifestó. 

Distinguió el hecho que solo tres nacimientos es celebrado en la Iglesia a lo largo del año: el de San Juan Bautista, el de la Virgen María y el de Jesucristo (por orden cronológico).

Recuerda que Juan el Bautista es concebido de modo natural, pero por intervención divina una mujer estéril y ya de “edad avanzada”, queda encinta, y vendría al mundo a una gran misión: hacer que las personas miraran a Cristo quedando él en un segundo plano.

En esta línea, el Arzobispo recordó que Juan el Bautista es el profeta precursor del Mesías que vino a preparar el camino al Señor y también nosotros estamos llamados a cumplir una misión determinada; por eso su ejemplo, desde su nacimiento hasta su muerte, debe incitarnos a nosotros a descubrir nuestra vocación y a ser fieles a ella. 

En este sentido, Monseñor reiteró que nosotros hemos nacido con una misión bajo el brazo, y está en nosotros descubrir esa misión desde pequeños, una tarea importantísima para el futuro desarrollo de nuestra personalidad. 

Asimismo, señaló que la misión a la que estamos llamados, no podremos hacerla si no somos testigos auténticos, como lo fue Juan el Bautista, y para eso, es necesario que lo que decimos con la palabra, lo tenemos que hacer vida.  

“No podemos pedir a los demás que se amen, si nosotros no nos amamos; no podemos invitar a otros a que sirvan, si nosotros no servimos al prójimo y a nuestra Iglesia; no podemos pedir a otros que escuchen al Señor, si nosotros no escuchamos la voz del Señor”, aseguró.

Al final de su homilía, exhortó a pedir que “la celebración de la memoria de San Juan Bautista nos ayude a seguir, algo más, su ejemplo y aprendamos a ser humildes y cumplidores fieles de nuestra misión en el mundo”. 

A continuación, el texto completo de la Homilía de Monseñor Ulloa desde la capilla del seminario Mayor San José:

Homilía San Juan Bautista

Mons. José Domingo Ulloa Mendieta OSA

Arzobispo de Panamá

 

Este es un día muy especial en la iglesia universal, especialmente para todos los interioranos que esperan con alegría esta fiesta y que al grito de ¡Ay Juan!¡Ay Juan! –reafirman la certeza de que se cuenta siempre con la intercesión del profeta y anunciador de Jesús. 

Desde pueblos como Chitré, Macaracas, Aguadulce, Penonomé, Boquete, entre tantos otros, que conmemoran esta fiesta del precursor en medio del fervor religioso, las costumbres y tradiciones que desde antaño tratan de rescatarse año tras años y que forman parte de su identidad. 

Con sus banderitas rojas, agitadas por los niños en señal de alegría o con las preparaciones de las ricas viandas, como la tradicional «chicha junta», los dulces caseros, las cocadas y los dulces de «maí», como le llamaban las abuelas, todavía siguen siendo parte del menú sanjuanero que se comparte con amigos, mientras en recordación de la faena del hombre sencillo del campo se realizan las acostumbradas cabalgatas por todas las calles de la ciudad.

O como no recordar a los pequeños que también hacen honor a su Santo Patrono, con la conocida tuna de los caballitos. 

Desde que inicia el mes de junio, los niños en sus escuelas confeccionan banderas rojas, y de una forma artística, elaboran sus caballitos de madera para asistir masivamente a esta cabalgata en honor a todos los abuelos que en épocas antiguas cuidaban a sus caballos criollos para asistir a la plaza del pueblo donde se desarrollaba la fiesta. 

Desde esta perspectiva, pongamos primero el marco adecuado de nuestra celebración.

Tres nacimientos celebramos en la Iglesia a lo largo del año: el de San Juan Bautista, el de la Virgen María y el de Jesucristo (por orden cronológico). Los tres embarazos suceden con alguna peculiaridad sobrenatural, signo de que estamos ya en la plenitud de los tiempos y se está preparando una intervención divina de dimensiones cósmicas: 1) María es concebida de modo natural, pero sin pecado original; 2) Juan el Bautista es concebido también de modo natural, pero por intervención divina una mujer estéril y ya de “edad avanzada”, queda encinta; 3) Jesús es concebido de modo sobrenatural sin intervención de varón, por obra y gracia del Espíritu Santo. Los tres nacieron sin pecado original: María y Jesús desde su concepción; San Juan fue concebido con él y se le perdonó en la escena de la visitación de María a Isabel, al llenarse la madre de Espíritu Santo (cf. Lc 1, 41 ss).

El día más largo y la noche más corta, la dedicamos al profeta que hace de puente entre los dos testamentos.

Hoy el Evangelio nos ofrece el relato del nacimiento del precursor, San Juan Bautista. Precursor es la persona que prepara a los demás para un acontecimiento. La tarea de San Juan era justamente «preparar los caminos del Señor» (Lc. 3, 1-6).

La misión de San Juan Bautista fue, ante todo, hacer que las personas miraran a Cristo, quedando él en un segundo plano; y que el Mesías pudiera traer el mensaje de salvación. Cuando las personas se acercan a él era para escuchar de Cristo. Esta es la misión que se le encomienda y por eso debe llevar el nombre de Juan, ya que su misión es conocida totalmente por Dios, incluso se refleja al darle su nombre.

Pidamos a Dios en esta oración que nos derrame su Espíritu Santo para que, en cada encuentro que las almas tengan con nosotros, seamos capaces de llevarle al que nos ama hasta el punto de llamarnos por el nombre para que anunciemos al que «quita el pecado del mundo» (Jn. 1, 29-34).

«Para preparar el camino al Señor que viene, es necesario tener en cuenta los requisitos de conversión a la que invita el Bautista. ¿Cuáles son estos requisitos de conversión? Ante todo, estamos llamados a rellenar los barrancos causados por la frialdad y la indiferencia, abriéndonos a los demás con los mismos sentimientos de Jesús, es decir, con esa cordialidad y atención fraterna que se hace cargo de las necesidades del prójimo. Es decir, rellenar los barrancos producidos por la frialdad. No se puede tener una relación de amor, de fraternidad, de caridad con el prójimo si hay “agujeros”, así como no se puede ir por un camino con muchos baches, ¿no? Hace falta cambiar de actitud. Y todo esto hacerlo también con una atención especial por los más necesitados. Después es necesario rebajar tantas asperezas causadas por el orgullo y la soberbia.» (Ángelus de S.S. Francisco, 9 de diciembre de 2018).

San Juan Bautista es el precursor del Señor y es el mayor de los nacidos de mujer. Juan es el hombre del desierto, el buscador de los planes de Dios, el que grita la conversión y la urgencia de un cambio de vida porque se acerca el Salvador de los hombres.

Juan Bautista se presenta como el elegido por Dios para mostrar a los hombres a Cristo, que es el que quita el pecado del mundo. Juan el Bautista pone a Dios en el centro de su vida, y para no crear confusión o crear falsas esperanzas en sus seguidores, afirma con firmeza desde el primer momento de su predicación que él no es el importante, sino un simple instrumento en las manos de Dios. Por eso Juan el Bautista dirá que él no se considera digno ni de desatarle las sandalias.  Juan y la Cruz Peregrina junto con el icono de María nos recuerdan que:

No nacemos para nada, nacemos para cumplir la misión que Dios nos ha encomendado. En este sentido, podemos decir que nuestra misión es nuestra vocación: Dios nos ha llamado a la vida para cumplir una misión determinada. Por eso el ejemplo de San Juan Bautista, desde su nacimiento hasta su muerte, debe incitarnos a nosotros a descubrir nuestra vocación y a ser fieles a ella. 

En nuestro caso, nuestros nombres no han querido indicar, en su origen, la misión o la vocación con la que Dios nos ha traído al mundo. Generalmente, a muchos de nosotros nos eligieron nuestro nombre por motivos familiares, o por el santo del día.

 Pero todos nosotros hemos nacido con una misión bajo el brazo. Descubrir esta misión desde pequeños es una tarea importantísima para el futuro desarrollo de nuestra personalidad. 

Y más importante aún es ser fieles a la misión o vocación que con la que Dios nos ha traído al mundo. No es necesario pensar que nuestra misión tenga que ser algo grandioso o socialmente importante, es suficiente con que sea importante para nosotros y buena para los demás. 

Todos estamos llamados a colaborar en la construcción de una sociedad más justa y buena; esa ya es una misión digna e importantísima, esforcémonos en ser fieles a ella. Esta será una buena manera de celebrar con dignidad la fiesta de la natividad de San Juan Bautista.

Juan es el favor de Dios a una familia buena y Juan es el favor de Dios para un pueblo que siempre espera al Mesías, a Jesús, «el que salva».

Esta no es la fiesta de los silenciosos sino la fiesta de los que con su boca confiesan la misericordia y el favor de Dios.

Nosotros, humanamente hablando podemos ser fruto del amor verdadero o fruto de la casualidad, pero como cristianos podemos decir: Yo soy querido y amado por Dios y para Él soy muy importante.

Juan decía: «Él debe crecer, yo debo disminuir». Esta es nuestra vocación cristiana, nuestra llamada: ser camino que lleva a Jesús, ser voz que anuncia a Jesús, ser luz que ilumina a Jesús.

Reiteramos, cada uno tiene una misión en la vida y nadie es más importante que otro.  Los papás lo son no para ellos, sino para sus hijos; los maestros, no son maestros para ellos sino para los alumnos; los sacerdotes, no lo somos para nosotros mismos, sino para los feligreses; los políticos, los diputados, no son elegidos para ellos, sino para el bien del pueblo.

Cuando queremos pasar en nuestra vida de precursores a protagonistas, nuestra misión suele convertirse en fracaso, porque hemos equivocado nuestra misión.

Al igual que Juan el Bautista, cada uno de nosotros, ha sido llamado por Dios, y hemos de tomar conciencia de la grandeza de nuestra vocación.  Cada uno de nosotros también ha sido amado, llamado y elegido desde el seno materno para vivir como hijo de Dios y para proclamar las maravillas de Dios a favor de la humanidad hasta los últimos confines de la tierra.

Como seguidores de Jesús, tenemos que tomar conciencia de que hemos sido llamados por Dios y así no cesaremos nunca de dar gracias a Dios por el don de ser sus hijos, ni caeremos en el orgullo de pensar que el fruto de nuestro apostolado, o el fruto de lo que hacemos depende de nuestras obras, sino que depende de Dios.  Al sabernos llamados por Dios, no dejaremos que el desánimo se apodere de nosotros cuando lo que estemos haciendo no dé el fruto que esperábamos o el resultado previsto.  Lo importante es vivir en Dios, permanecer en su amor y dejar que el Espíritu Santo transforme nuestro corazón y nuestra mente según los criterios del Señor.

Hermanos, la misión a la que estamos llamados, no podremos hacerla si no somos testigos auténticos, como lo fue Juan el Bautista.  

Lo que decimos con la palabra, lo tenemos que hacer vida.  No podemos pedir a los demás que se amen, si nosotros no nos amamos; no podemos invitar a otros a que sirvan, si nosotros no servimos al prójimo y a nuestra Iglesia; no podemos pedir a otros que escuchen al Señor, si nosotros no escuchamos la voz del Señor, o estamos siempre tan ocupados en tantas cosas que no encontramos tiempo para meditar la Palabra de Dios.

Con el Bautista se acaban los tiempos de la imagen, para dar paso a la realidad; cesan las promesas del futuro para señalar el presente; los símbolos con que se anunciaba la misericordia divina pasan con Cristo a ser una realidad palpable, nada simbólica.

Pidamos que la celebración de la memoria de San Juan Bautista nos ayude a seguir, algo más, su ejemplo y aprendamos a ser humildes y cumplidores fieles de nuestra misión en el mundo

 

  PANAMÁ, acatemos las normas que nuestras autoridades han implementado. Por ti, por los tuyos, por Panamá -Quédate en casa.

 

† JOSÉ DOMINGO ULLOA MENDIETA, O.S.A.

ARZOBISPO METROPOLITANO DE PANAMÁ

Artículo anterior

“Defender y valorar la familia”, exhortó el Arzobispo de Panamá, Monseñor José Domingo Ulloa Mendieta, OSA.

Siguiente artículo

El Arzobispo llama a los fieles no ser indiferentes, y aprender de la actitud del leproso que confió en Dios.