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¿Cómo vivimos espiritualmente la Cincuentena de Pascua

Rocío Romina Rodríguez Ros

Amigo lector, estamos pasando momentos muy complicados debido al coronavirus, pues para nadie es fácil vivir el día a día de la manera en que nos ha tocado hacerlo: en casa y con una serie de restricciones, que aunque no nos gusten, por nuestro bien tenemos que acatar. Cada cual lo lleva de una manera diferente: los que creemos en Dios, sabiendo que su mano poderosa no nos va a abandonar y que saldremos victoriosos de todo esto. Los que no creen, esperando más en la ciencia que en el poder de Dios, pero al final todos con esperanza. 

Seguramente, nunca nos hubiéramos imaginado una Semana Santa sin poder asistir a los templos a adorar a Cristo. Creo que eso era impensable, pero sucedió. En ese sentido, ¿Cómo vivimos espiritualmente la Cincuentena de Pascua? Esos cincuenta días que nos llevan a la fiesta de Pentecostés, porque más que nunca necesitamos la presencia del Espíritu Santo que Dios nos regala, para que nos libre de la tristeza, del pesimismo y de caer en la tentación. 

No me cabe la menor duda de que hay un sentimiento generalizado en las personas, no importa la clase social, el país, o la raza a la que pertenezcan. Ni siquiera vale en qué lugar del mundo nos encontremos, ahora nos hemos dado cuenta de que tenemos un Dios que es bueno. Y yo me pregunto ¿por qué ahora? Si siempre ha sido así.

Es curioso, nosotros creíamos que estábamos bien y lo teníamos todo. No era así. Espiritualmente estábamos enfermos. Ahora nos damos cuenta de que muchas de las cosas que eran prioritarias en nuestras vidas ya no lo son. Todo nos es irrelevante y pasajero. Hemos empezado a buscar a Jesucristo, dándonos cuenta de que Él es quien ha sido constituido Señor del universo y cabeza de la humanidad. Lo que quiere decir que estamos sanando espiritualmente. Ya no hay dudas de que Cristo está vivo, resucitado y glorioso. Ha vencido a la muerte porque Él es un Dios de vivos. Él es el Camino, la Verdad y la Vida.

La oración se ha convertido en nuestra mejor aliada. ¡Cuánto tiempo hemos perdido sin ella, por falta de interés o por estar ocupados con las cosas del mundo! En todos hay un gran cambio de actitud, que nos hace gritar de gozo y decir: “Cristo ha Resucitado. Verdaderamente ha Resucitado el Señor. ¡Aleluya!. Es tiempo de fiesta. El Espíritu Santo ha descendido sobre nosotros y es nuestro Consolador.

 Tengamos la seguridad que Él nos va a sostener, busquemos a Dios en todo momento y recordemos que todo el que invoque el nombre del Señor será salvo.

Apreciadísimo amigo lector, el título de este artículo tiene una razón. En Génesis, cuando Dios empezó a crear el sol, la luna, los animales, el mar, el hombre, en fin…, utilizaba la expresión “¡y vio Dios que era bueno!” Entonces me puse a pensar que ahora somos nosotros, sanados espiritualmente y llenos del Espíritu Santo y de un profundo amor hacia Él, quienes podemos afirmar “¡Y vimos que Dios es bueno! 

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