DiócesisPenonomé

Comprometido con su Iglesia y con los pobres

La Diócesis de Penonomé se reúne en nombre de nuestro Señor Jesucristo, para pedir por nuestro hermano, presbítero, Aurelio García Pinzón. Firmes en nuestra fe, seguro de que Dios lo resucitará, ese Dios que ha vencido a la muerte.

Nació en Atalaya, Provincia de Veraguas el 14 de agosto de 1933, en una familia rica en virtudes cristianas. Desde los primeros años de su niñez, aprendió a amar a Dios y a imitar a Jesucristo.

Monseñor Aurelio García Pin­zón, fue ordenado el 5 de junio de 1960 por manos de S.E.R. Monseñor Francisco Beckman, en la Catedral Metropolitana de Panamá. Trabajó como coadjutor tres me­ses en La Chorrera. Llega a la Pa­rroquia San Juan Bautista de Penonomé, el 1 de octubre de 1963, día de Santa Teresita del Niño Jesús. La Parroquia en aquel momento estaba a cargo de Mons. José Sergio López

Fue distinguido por Su Santidad Juan Pablo II en 1989, con el título de monseñor como prelado de honor.

Designado por Monseñor Marcos Gregorio McGrath, Vicario Episcopal del Vicariato de Coclé. Nombrado por Monseñor Uriah Ashley, como párroco de la Parroquia San Juan Bautista de Aguadulce, el 6 de julio de 1998 hasta el 4 de abril de 2014, cunado se acoge a su jubilación.

Su existencia fue una acción de gracias

Cuando él iniciaba su ministerio sacerdotal en Penonomé, entraba en vigencia los postulados del Vaticano II, que da origen a los documentos como fruto de reflexión profunda y de intenso celo pastoral, entre ellos Puebla y Medellín, que formaron conjuntos de orientación pastoral y doctrinales que estimularon criterios para el presente y el futuro de la evangelización. Es así, que monseñor Aurelio impulsa discernir la interpelación de Dios en los signos de los tiempos, dando testimonio de anunciar y promover los valores evangélicos de comunión y participación. Se esforzó por llamar a una continua conversión individual y social en el que el bautizado fuera capaz de colaborar en el cambio de la estructura y los valores cristianos.

Aurelio fue un hombre de coraje, de alma misionera, un hombre que gritó sin miedo la hermosura del amor de Dios, un hombre sin cansancio que llevó la historia de Jesús en sus labios, cuya fuerza fue la oración. Compartió las angustias y problemas de un pueblo, fue voz de aquellos que no tenían voz como lo autoriza el documento de Puebla, “Los Rostros de Cristo” así lo asumió, por eso la Casa Cural era la casa de todos.

En ese pedazo de cielo encontraron los niños, jóvenes, ancianos, enfermos y viajeros, techo, comida y calor de hogar, el que tenía hambre recibió un pedazo de pan, el que venía sediento pudo saciar su sed y el que venía solo con lo que traía puesta encontró otra muda para poder seguir su camino.

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