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Sacerdotes para servir

En esta última temporada los sacerdotes hemos saltado a los medios, a la plaza pública, para que algunos se entretengan en jugar con nosotros al pin pan pun. Es un deporte muy recurrente en los países en donde el clericalismo, de unos y de otros, tiene muchos adeptos. Basta con que suene el silbato para que el juego se ponga en marcha, y el árbitro se suba al graderío con la hinchada.

Soy consciente, y lo lamento muchísimo, que hermanos míos en el sacerdocio hayan dado un escándalo monumental. Cuando me paro a pensarlo no termino de creérmelo, pero lamentablemente ha sido, y en algunos casos puede que siga siendo, una triste realidad. No le encuentro más explicación que, como diría en su día Pablo VI, el humo de satanás ha entrado en la Iglesia hasta el lugar más sagrado. He sido testigo de su presencia, y he tenido que sufrir la situación de algún clérigo que ha caído en sus garras. El demonio es feo, vengativo, rencoroso, envidioso. El odio es lo suyo.

¿por qué cuento esto? Para recordar a algunos ingenuos que el demonio no es un cuento. El demonio existe y está muy activo. Tiene sus objetivos preferidos, y uno de ellos, el más apetitoso, es la Iglesia en general y los sacerdotes en particular. Cuando pienso en los escándalos ya conocidos no encuentro otra explicación.

Pero, gracias a Dios, la inmensa mayoría de la familia sacerdotal goza de buena salud. Estamos luchando cada día por vivir la vocación que un día el Señor nos regaló. No es fácil abrirse camino en medio de esta selva salvaje en la que a veces se convierte una parte de la sociedad, pero siguiendo a los buenos exploradores es posible encontrar la luz y otear el horizonte con esperanza.

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