DiócesisPrelatura de Bocas del Toro

Con amor y misericordia trabajaron para Dios

La Jornada Mundial de la Juventud 2019, celebrada en Panamá, ha dejado gratos recuerdos en quienes tuvieron la oportunidad de vivir esta experiencia como voluntarios, familia de acogida o peregrinos. Sin duda alguna, el mensaje del Papa Francisco caló en las vidas de nuestros hermanos en esta Prelatura.

Khymiusha Waite tiene 21 años, es miembro de la parroquia Sagrado Corazón de Jesús, en El Empalme de Changuinola, y participó como voluntaria. Su experiencia como miembro del equipo voluntario en esta JMJ fue gratificante; puso a la disposición de todos el servicio, el amor y el tiempo para beneficio de muchos peregrinos a nivel nacional e internacional. “A pesar del cansancio, que sé que para muchos fue motivo para desistir, siempre teníamos algo presente, luchar y servir con amor, a nuestro prójimo”, expresó.

Agregó que sabía que podían ayudar a las personas que asistieron a la jornada; muchos no dormían bien, pero daban el 101% en su trabajo. “En Panamá sentimos que no podíamos seguir, sin embargo, dimos ese granito extra de arena que ayudó y benefició a muchos jóvenes a nivel nacional e internacional, y yo me quedo con esta linda experiencia”, puntualizó Waite.

Por su parte, Fabio Darcy, un jo-ven de 20 años participó como peregrino, y asegura que ha sido un hecho histórico a nivel personal y como país poder compartir con otros jóvenes que se involucraban juntos por un solo fin, en el encuentro con Jesús, compartiendo sus culturas con cientos de peregrinos de otros países. “Esta ha sido una valiosa experiencia, escuchar música de adoración y compartir en diferentes idiomas la misa, fue asombroso, no paramos de comentar todos los que estuvimos allí, lo satisfechos que estamos de haber sido parte de esta jornada, estoy muy contento de haber vivido esto, sobre todo de la mano amiga de María que nos cuidó siempre”.

En cuanto a las familias de acogida, Glinys Obando, de 51 años nos cuenta su experiencia. Junto a su familia, recibió dos a peregrinos de Suiza en su hogar. Para ellos, ha ido una vivencia muy agradable.

“Yo decía pobres muchachos, vienen a algo desconocido y nosotros, también estamos mirando lo desconocido; cuando los vi sentados en la Iglesia esperando a su familia de acogida le dije a mi hijo, hay dos chicos sentados uno tiene cara de asustado, más que nosotros, pero nos dimos cuenta que eran muchachos muy educados, esta ha sido una gran experiencia”, explica Obando.

A ella le gustó ver cómo estos peregrinos vinieron a compartir su cultura y a tener ese encuentro de amor y fe con Dios; cada noche contaban algo valioso de lo que les impactó, y le sorprendió mucho cuánto se puede aprender de las personas de otras culturas.

Finalmente, nos dijo que se aterró pensando lo difícil del idioma para ella, pero uno de sus peregrinos hablaba español, aunque no se expresaba mucho, le transmitió mucho cariño. Dios hizo su voluntad en esta familia que compartió el amor y la fe que vivían.

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