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Con la ayuda del Espíritu somos capaces de todo

Panamá, como cualquier gran ciudad de nuestro mundo rememora ya el ambiente de la torre de Babel: pluralidad de lenguas, pluralidad de culturas, pluralidad de ideas, pluralidad de estilos de vida y problemas inmensos de intolerancia e incomprensión entre los que la habitan.

A veces es fácil caer en la tentación de que la paz social y la integración de todos con todos es una ilusión inalcanzable. ¿Cómo convivir y entenderse quienes tienen tantas diferencias?

Hoy el Señor nos muestra el camino. Nos dice que solo en torno a Él es posible la unidad y la conciliación y la reconciliación de las culturas y las ideas.

Esta semana debemos intentar tender puentes hacia las personas que comparten con nosotros los ambientes. La casa, la vecindad, la vida diaria. Buscar a aquellos que por circunstancias de la vida se han alejado  y procurar, una vez más, que nos acerquemos. Demostrar con esa acción, que todos somo uno con Dios.

Solo el Espíritu de Dios es capa de liberarnos de esas cargas que nos impiden aceptar a los demás tal como son, y hacer comunidad.

Sí, no siempre es posible. No tenemos ni la voluntad ni las herramientas intelectuales o espirituales que hagan posible semejante acción de comunión.

Solos no, claro; solos no podremos. Pero si pedimos y estamos dispuestos a recibir la acción del Espíritu Santo, veremos como todo impedimento se transforma en gracia y en posibilidades.

Miremos alma adentro cuáles son nuestras actitudes, nuestras fallas, que nos impiden hacer comunidad. Tratar esta semana de ser dóciles al Espíritu para que Él nos limpie de aquellas cosas que hacen imposible en cada uno la unidad.

¡Ánimo!

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