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Confundiendo el ocio con conducta ociosa

Uno de los mitos más grandes que hay en la educación familiar es pensar que el tiempo libre es un tiempo para hacer nada. Y eso es totalmente falso.

No estamos afirmando que tenemos que llenar a los muchachos de actividades y no dejarlos ni respirar. Sino que hay que tener claro que durante el tiempo libre, quizá bajo otra perspectiva y otras formas, el proceso de su formación con­tinua.

Entender el tiempo libre como liberación de los principios y normas por las que uno rige habitualmente su vida es una contradicción, es incurrir en una do­ble moral y en una doble vida.

Si queremos cultivar, por ejemplo, la virtud del orden, no podemos decir que somos ordenados en la oficina, pero no en la casa.

Por eso, ¿queremos hijos ociosos?, ¿queremos que sólo beban licor los fines de semana? Entonces tampoco podemos poner límites al respecto sólo en tiempo escolar. ¿o creen que si toman alcohol sólo en vacaciones no van a querer hacerlo después?

Lo importante es tener claro cuál es el papel que jugamos los padres inicialmente en este usar el tiempo libre de nuestros hijos y entender que de esta área educativa depende mucho si nuestro hijo será una persona con o sin límites.

No pueden esperar a que no venga a dormir una noche a la casa para preocupar­nos. La responsabilidad de papá y mamá en el tema del tiempo libre no se limita a poner los medios ante posibles peligros de tipo físico y de tipo moral.

Los hijos necesitan desde niños a aprender a descansar, jugar, a di­vertirse, a celebrar una auténtica fiesta.

Y difícil será que obtengan estos aprendizajes sin la orientación y el buen ejemplo de los padres.

El tiempo es un bien escaso como para desperdiciarlo en asuntos sin importancia. Enseñemos a nuestros hijos, también con el ejemplo a valorarlo.

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