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El tesoro de la amistad y la unión en el ambiente carcelario

La mayoría de las personas, al escuchar hablar sobre los centros penitenciarios, creen conocer las realidades que allí se viven. Si bien es cierto que existe hacinamiento, escasez de comida, y condiciones infrahumanas, también hay aspectos positivos que resaltar.

Y es que los privados de libertad, a pesar de su condición, también sueñan y esperan por mejores días. En esa espera paciente, que a veces se convierte en frustrante, la Iglesia Católica se hace presente para llevarles el rostro misericordioso de Cristo.

Esta misión ha sido encomendada a los Religiosos Mercedarios. Ellos brindan acompañamiento y apoyo a quienes están tras las rejas, llevándoles un mensaje de esperanza y amor, en medio de su soledad, y muchas veces, de abandono.

Esa semilla sembrada en los corazones de estos hombres, poco a poco ha dado frutos; uno de los cuales fuimos testigos el pasado sábado, día en el que celebrábamos la Natividad de María, cuando fuimos recibidos en el Centro Penitenciario “La Joyita”.

Al llegar, el ambiente de alegría fue notorio. Todos querían colaborar en los últimos retoques de lo que puede parecer algo simple, pero que para ellos fue un sueño hecho realidad.

Ese día inauguraron y consagraron a la Virgen de la Merced, su capilla; un lugar de encuentro que servirá para acercarse más a Dios a través de la Eucaristía. Fue Monseñor José Domingo Ulloa, Arzobispo de Panamá, el encargado de acompañarles en esta gran fiesta, en la que además, más de 30 privados, recibieron los Sacramentos de Iniciación Cristiana, luego de un tiempo de preparación.

Para ellos, fue una jornada satisfactoria, pues se destaca que toda la estructura de la capilla fue levantada por los mismos reclusos. Durante un mes y medio, trabajaron sin descanso para construir las paredes, el techo, trabajar la electricidad, luces, el piso y todo lo necesario para poder contar hoy con este especial lugar.

Lino Mendoza destaca que el acompañamiento de la Iglesia Católica, a través de Fray Francisco Javier Palomero, ha sido una luz en medio de la oscuridad. Mendoza fue el encargado del trabajo de electricidad para la capilla, y con lágrimas en los ojos señaló que Dios ha tocado su corazón. “Cuando llegué aquí me sentí solo, pero decidí aceptar la invitación de recibir un curso de Biblia, y mi vida cambió desde ese momento”, destaca.

Agrega que es loable la labor del Padre Francisco, que ha organizado todo de manera espectacular animándoles a luchar y a seguir adelante, no solamente en la construcción de infraestructuras como esta capilla, sino en ellos mismos, como personas.

“Todos los domingos, más de 300 personas nos reunimos para participar de la Eucaristía, y es ese mensaje que recibimos, el que nos hace fuertes para ver que a pesar de que en algún momento fallamos, la vida nos tiene guardadas cosas buenas, positivas y valiosas”, acotó.

Fidel Magallón es financista de profesión, pero por errores cometidos, paga su condena dentro del centro. Sin embargo, decidió darle un rumbo diferente a sus días en este lugar, y se siente orgulloso de desempeñar su papel como catequista y formador de otros reclusos.

“No todo es malo; el estar aquí me ha traído bonitas experiencias, hoy soy catequista, he aportado para que estos hombres reciban hoy los sacramentos, y eso me llena de satisfacción”, dijo.

Esta capilla fue construida a base de donaciones y del trabajo de los reclusos. Ha sido una construcción sencilla, pero con mucho gusto y elegancia. Los privados dan gracias a Dios por esta oportunidad, porque con él, su trabajo y esfuerzo se han visto reflejados en esta obra que hoy celebran.

Reconstruir nuestro templo interior

En su intervención, Monseñor Ulloa animó a los privados a no mirar atrás y a aprovechar las oportunidades de cambio que se les están brindando. “Ustedes han construido este templo con bloques y piedras, pero no se olviden que lo más importan-te somos nosotros mismos y lo que construimos en nuestro Yo como personas”.

Monseñor agradeció a Fray Francisco y a los voluntarios de la Pastoral Penitenciaria por el trabajo que realizan, destacando que también él, quisiera tener más tiempo para sentarse con cada uno, y escucharles.

Les dejó claro además, que es consciente de las situaciones que viven, la realidad jurídica en la que están envueltos, la mora judicial y los procesos tardíos de justicia que tienen que enfrentar. Sin embargo, les recordó que Dios les ama y que desea que todos recorran un itinerario de rehabilitación, de perdón, verdad y justicia.

“Lo importante es decir… A pesar de esta realidad, yo la voy a vivir de otra manera, y ver este lugar como una escuela, en la que ahora contarán con la bendición de esta capilla, en la que permanecerá Jesús en la hostia consagrada, las 24 horas del día”, puntualizó.

Una labor sacrificada pero satisfactoria

Alina Roux y su esposo Eddie trabajan en centros correccionales desde el año 2009. Sin embargo, sienten que su experiencia a nivel de fe se ha hecho más madura a través del acompañamiento que realizan junto a los Mercedarios y a Fray Francisco en La Joya, La Joyita y La Gran Joya.

“Si la Iglesia supiera la riqueza que hay en estos lugares, seríamos miles de voluntarios los que vendríamos, porque nos hemos dado cuenta que en el servicio, uno logra unirse más a Dios y logras crecer en la fe”, destacan.

Agregan que es cierto que es muy duro venir a este tipo de lugares, en donde por lo general te encuentras con muchas cosas negativas, pero también es un llamado de Dios para brindar apoyo a estas personas que la pasan difícil ahí adentro.

“Mientras más nos cuesta en tiempo y sacrificio, es cuando uno recibe la mayor satisfacción; si se perdiera el miedo de venir aquí, se darían cuenta de todo lo que se gana”… “Ellos tienen la esperanza de salir de aquí algún día, pero necesitamos de más personas que quieran ayudar a que salgan como hombres nuevos y que haya una verdadera transformación en sus vidas”.

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