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Conocer a Dios la llevó a volver a sus orígenes

Emilda Santo Montezwna tiene 20 años. Reside en Soloy en el distrito de Besiko, comarca Ngabe-Bugle. Sus padres son Testigos de Jehová. Son 9 hermanos, cuatro hermanas y cinco hermanos.

Cuando era pequeña sus padres la vestían con ropa de campesina, nunca usó naguas porque era parte de lo que le prohibían en la iglesia a la que iban sus padres, pero hoy lleva con orgullo su nagua y la luce porque sabe que representa parte de su cultura, de su pueblo, de su gente, de sus raíces.

Sus padres siempre estaban en otras cosas del templo de los Tesigos de Jehová. Allá tenían que seguir una disciplina, otra forma de vida, ellos no vestían como indi­genas, sino que andaban como los campesinos, no participaban en las tradiciones de su cultura y tampoco se involucraban con los demás.

De fácil y sencilla expresión, Enúlda no duda en hacer sentir su opinión. Es ferviente luchadora y ama su cultura. Ahora ve como aún hace falta resolver tantas cosas para beneficiar a los indígenas que por años han sido excluidos de las verdaderas oportunidades que me­recen, estudio, trabajo, desarrollo, carreteras y accesos a salud, medi­cinas, alimentación entre otros.

“Recuerdo que me daba pena usar la nagua”, asegura Enúlda, pero eso fue cambiando cuando empezó a ir a la Iglesia Católica, ya que una hermana en Cristo le decía que debía valorar su cultura indígena, algo que ella fue comprendien­do poco a poco.

Actualmente está practicando la danza jegi; el idioma ngabe aún le cuesta pero está aprendiendo y ya sabe hacer su nagua.

Estudia, Técnico en Servicio para Aerolíneas con lo cual espera ser una profesional. Es parte de la coordinación del Encuentro Na­cional de Pastoral Indígena (ENPI) que se realizó en la diócesis de Co­lón, el pasado julio y, según dice, su vida ha sido transformada por Dios desde el momento en que su interés por sus raíces y su cultura ini­ció en aquel encuentro con Jesús.

La joven indígena se fue invo­lucrando en las actividades de la Iglesia Católica, en la lucha contra la minería y las hidroeléctricas en San Félix. “He visto que hay una conexión con la juventud católica y siempre nos apoyan como indí­genas. Aquí no nos piden cambiar de ropa, ni dejar nuestra cultura, al contrario nos motivan a sentirnos orgullosos de lo que somos”, comentó Enúlda.

Formó parte de la delegación indígena que fue a Cracovia 2016 y fue para ella una gran experiencia en su vida. Se sorprendió de ver tantos jóvenes de otros países, pero pocos indígenas. Recuerda que en Cracovia fue muy comentada su presencia y el hecho de que provenían de la Comarca Ngabe-Bugle, y quedó motivada por hacer la dife­rencia.

‘Algunas personas nos ven como personas pobres, en realidad nunca hemos sido pobres, desde nuestros ancestros, trabajamos la tierra, hoy mucho ha cambiado, los pueblos indígenas merecen ser incorpo­rados ser parte de la sociedad, no somos pobres tenemos nuestra riqueza”, afirmó.

“Dios me ha transformado, me he aferrado más a mi cultura, los líderes de nuestros grupos indí­genas siempre tuvieron conexión con Dios, Dios me ha ayudado a luchar”, acotó Montezwna.

Enúlda Santo Montezwna es parte de la organización del Encuentro Mundial de la Juventud Indígena (EMJI) 2019 que se llevará a cabo en Soloy, en el Distrito de Bésiko en los días en las diócesis de la JMJ2019.

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