CatequesisEspiritualidad

Continúa renovación de la Catequesis

Los elementos claves en la catequesis entre los siglos II al IV fueron: la enseñanza, la oración (Padre nuestro y salmos), los elementos litúrgicos, las consecuencias morales, todo ello vivido y recibido en la comunidad catecúmena, haciendo de la catequesis una verdadera iniciación cristiana integral.  Escritos antiguos también describen una etapa pos-bautismal, en la que se daba una catequesis llamada “mistagógica”, es decir, después de la experiencia sacramental de la iniciación, que ocurría en la noche pascual, los recién bautizados, eran instruidos sobre el significado de esos ritos sacramentales: el Bautismo, el Sello del Espíritu Santo y la Eucaristía por medio de los cuales se habían convertido en cristianos.

De esta forma profundizaban el sentido de lo que habían vivido, ayudándoles a interiorizar y a incorporarse en la comunidad. Era visible que la organización del catecumenado no era un fin, sino un medio. De esta época son las catequesis de san Ambrosio de Milán, las de Cirilo de Jerusalén, las bautismales de San Juan Crisóstomo y las de San Agustín, entre otras.

En la segunda mitad del siglo V, el cristianismo pasó de ser perseguido, a ser tolerado en el Imperio de turno (Edicto de Milán 313), para terminar siendo la única religión autorizada. Se extiende, además, a los ambientes rurales, y esta nueva situación, positiva en algunos aspectos, afectará negativamente a la institución catecúmena, que hacia el siglo VI desaparece.  La catequesis se convierte entonces en una explicación breve de las verdades de la religión, se da en la instrucción del domingo. En esta instrucción se explica el credo y el padrenuestro, aprendidos de memoria, con el enunciado de los principales deberes.  Creció el número de familias cristianas y en consecuencia, los niños fueron bautizados apenas nacidos o en la primera infancia. Fue disminuyendo el número de catecúmenos pues la familia se hacía cargo de la enseñanza de los niños.

Este periodo de la historia, sigue siendo un foco de luz para la catequesis de iniciación actual. Denota una característica esencialmente gradual y Cristo céntrica, por ser acompañamiento del proceso de conversión y por estar al servicio del que ha decidido seguir a Jesucristo.

Artículo anterior

Preparación jmj: amistad es una relación desde adentro

Siguiente artículo

El Espíritu de Dios en cada uno