La solemnidad fue presidida por el arzobispo de Panamá, monseñor José Domingo Ulloa, quien recordó que la Eucaristía debe traducirse en compromiso y servicio hacia los demás.
Por Héctor Muñoz
Las calles del Casco Antiguo de Panamá se convirtieron una vez más en escenario de una de las manifestaciones de fe más significativas para la Iglesia católica: la solemnidad de Corpus Christi. Cientos de fieles participaron en la procesión con el Santísimo Sacramento, acompañados por representantes de hermandades, movimientos eclesiales y diversas expresiones de la religiosidad popular panameña.
La jornada estuvo marcada por la elaboración de coloridas alfombras y muestras culturales que enriquecieron el recorrido del Santísimo por las calles históricas de la ciudad. Aunque una ligera lluvia se hizo presente durante parte de la actividad, los participantes continuaron con devoción la celebración, reafirmando su fe en la presencia real de Jesucristo en la Eucaristía.
Monseñor José Domingo Ulloa destacó que Corpus Christi es una fiesta profundamente ligada al corazón de la vida cristiana.
“Celebramos la presencia real de Jesús en ese trozo de pan. Es la promesa que nos hizo el Jueves Santo cuando dijo: ‘Tomen y coman, esto es mi cuerpo’”, expresó el arzobispo.
Monseñor Ulloa recordó que la Iglesia ha celebrado la Eucaristía desde sus orígenes, pero insistió en que esta celebración no puede limitarse únicamente al culto dentro de los templos.
“La Eucaristía es el centro de nuestra vida, pero no puede quedarse dentro del templo; tiene que vivirse allí donde cada uno de nosotros se encuentra”, señaló.
Asimismo, invitó a los fieles a comprender que participar de la mesa del Señor implica también convertirse en alimento para los demás mediante la solidaridad, el servicio y el compromiso con quienes más lo necesitan.
El arzobispo felicitó a las comunidades que, a lo largo y ancho del país, mantienen viva esta tradición mediante la confección de alfombras y otras expresiones culturales que acompañan la procesión del Santísimo Sacramento.
“Han sido capaces de unir cultura, tradición y fe”, destacó, al referirse al esfuerzo y dedicación de quienes preparan estos espacios como signo de reverencia al paso de Jesús Sacramentado.
También valoró la presencia de las tradicionales danzas de diablicos, que forman parte de las celebraciones de Corpus Christi en distintas regiones del país. Explicó que estas expresiones culturales contienen una importante dimensión catequética y ayudan a transmitir el significado de la victoria de Cristo sobre el mal.
La celebración concluyó con la bendición solemne del Santísimo Sacramento, en medio de un ambiente de oración y alegría, dejando un mensaje claro para los fieles: la Eucaristía no solo se adora, sino que se vive cada día mediante obras concretas de amor y servicio.
