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Creer en Dios sin ser religioso

“Yo creo en Dios pero no voy a la Iglesia que está llena de pecadores. Yo creo en Dios pero no leo la Biblia, él existe en mi corazón. Yo creo en Dios pero res-peto a todos los que creen en lo que quieran creer y hagan lo que o quieran hacer.”

Palabras que oímos todos los días y que de hecho, decimos muchas veces para no meternos en problemas y ¿qué razones tengo yo para creer que existe el bien y el mal? ¿Cuál es la diferencia entre una persona que cree y una que no cree? Hay un miedo o resistencia para hablar del tema, a negar la existencia de Dios o el diablo y vemos cómo se llega a ridiculizar a los que les dicen que sí existen.

Muchas veces se trata de ignorancia o de una muy mala formación, ya que no son pocos los teólogos y sacerdotes que niegan que el demonio exista.

Otras veces, quien niega la existencia de Dios, el demonio y del infierno, es alguien que no vive según los mandamientos y aunque los conoce, ni siquiera se propone a cumplirlos.

Entonces, en esta negación, busca la quietud que no encuentra la persona, que así se engaña a sí mismo, por su falta de mansedumbre a la Gracia de Dios, o sea por seguir las insidias del demonio.

Pero lo más peligroso de estas corrientes es que, nos llevan a pensar que es “normal” y que debemos “respetar las creencias de todos” y que delgada línea entre “respetar” y ser cómplice de la condenación de otro por no tener el valor de defender al Dios que amo y alabo dentro de la Iglesia pero que por tibieza espiritual no puedo llevar a otros con valor.

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