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Cursillistas de cristiandad de Panamá llevan una Cruz a las alturas de Olá

Cuando se sube un cerro, generalmente la meta es alcanzar la cima; sin embargo, hace unos domingos un grupo de cursillistas tenía otra meta en los corazones cuando lo intentaron: exaltar la Vida, inspirados en Cristo Resucitado, y felices de su encuentro con Él.

El cerro “Los Frailes” -en el Otoal de Coclé- fue el sitio escogido, y como testimonio de su peregrinaje, llevaron a cuestas una Cruz.

Todo está previsto

Semanas de preparación y de oración precedieron la escalada.

Apresto para coordinar y ejecutar la compra de material que serviría en la fundación de la Cruz; soldar el enorme signo hecho de metal, añadiéndole refuerzos para que resistiera la fuerza del viento en lo alto de “Los Frailes”.

Los cursillistas basan la eficiencia de su servicio en un lema que tiene algo de críptico: “Todo está previsto”. ¿Qué secreto encierra? Pues la confianza en el verdadero conductor de toda la obra: Dios.

Por eso, la preparación incluye altas dosis de oración, y esta experiencia no fue la excepción.  Fue necesario subir las muchas libras de materiales (cemento, arena, piedras, y agua para la mezcla). La altura del cerro “Los Frailes” -960 metros sobre el nivel del mar- no fue desaliento para el ánimo de todos los peregrinos.

Penitencial

Al llegar a la cima también teníamos otra misión: colocar en la fundación de la Cruz las ataduras y tentaciones que muchas veces son motivo para nuestros tropiezos, y que llevábamos escritos en pequeños e indefensos trozos de papel, con el fin de que fueran aplastados por el peso de este “árbol de la salvación”.

También colocamos Rosarios, que fueron puestos en la horizontal de la Cruz, para que las oraciones realizadas con esas camándulas fueran elevadas a lo alto, más cerca de Dios.

Al final los participantes varones de los Cursillos #209 y #212 de la Arquidiócesis, y el Cursillo #16 de Penonomé, vieron su meta realizada: que la Cruz en lo alto de “Los Frailes” sea un recuerdo para quienes la vean a kilómetros a la redonda, como un símbolo de que el esfuerzo, el sudor, el empeño, el trabajo en equipo, y el amor por Dios, perdura en el cristiano panameño.

La Pascua

Al final de la aventura y el peregrinaje en la diócesis de Penonomé, los cursillistas participantes compartieron una misma certeza: que la Pascua (Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús) es el fundamento del Cristianismo, y es la clave de todo el servicio pastoral.

Nos corresponde vivir en clave pascual, con esa alegría por la vida, por la entrega al otro, por el afán de llevar a Cristo a cada uno de nuestros ambientes.

Cuando regresamos a la capital, cansados, pero felices, supimos que siempre llevaremos en nuestro corazón esa Cruz que está en la campiña, cerquita de Dios, alto en su montaña, pegadita del Cielo, recordándonos el amor infinito de Jesús que la cargó solito, camino al calvario.

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