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Viviendo la pascua conyugal

Todavía hay muchos que como María Magdalena en esta escena, siguen llorando como si el Señor no hubiese resucitado. A nosotros nos ocurría esto, hasta que Jesús nos llamó por nuestro nombre a través de María.

Sí, Él no es un Dios etéreo que está allá a lo lejos en los cielos. Él está a nuestro lado. Le consultamos cosas en la oración, le vemos actuar en nuestra vida, en situaciones concretas que hemos dejado en sus manos y Él ha dirigido y sigue dirigiendo, claramente.

También hay muchos matrimonios que siguen llorando como si el Señor no hubiese redimido su relación. Viven como cualquier pareja no creyente. Si no hemos empezado a saborear un poquito de “cielo” en nuestro matrimonio, algo pasa.

Dice San Juan Pablo II que el pecado afecta a nuestro conocimiento, nuestra conciencia, nuestra opción y nuestra de-cisión.

Tenemos que ser conscientes de esto para luchar: Creemos saber y no conocemos la verdad, nuestra conciencia está distorsionada por nuestros propios criterios, no vemos las opciones verdaderas por culpa de nuestros intereses y cuando tomamos una decisión no somos fieles a ella.

¿Cómo purificamos nuestro matrimonio?

Acogiendo la revelación, iluminados por Dios en la oración, alimentándonos de la Eucaristía transformadora y apoyándonos en nuestro sacramento matrimonial, del que hemos recibido el poder.

Así que, no nos quedemos llorando, tienen que seguir buscando hasta encontrar el tesoro del  matrimonio. Lo que creías que era un hortelano era el mismo Cristo. Hay muchos esposos que fueron a celebrar la vigilia Pascual la tarde del sábado y ¿qué está transformando esa Pascua en su relación conyugal?

Confiados en la resurrección

Un matrimonio nace y vive en el amor, con frecuencia sufre la pasión de los conflictos, de las ofensas, del egoísmo, y a veces agoniza y hasta muere.  Pero también puede resucitar a la felicidad a través del amor de Dios, del perdón, de la entrega, del compromiso.

Si tenemos fe en la Pascua, entonces debemos tener una enorme esperanza en nuestra relación y a su vez ésta, será inundada por la caridad.

Pero tenemos que empezar por tener fe: “El amor todo lo cree”, decía San Pablo.

Trabajen en la relación tenazmente, Cristo está ahí con ustedes intercediendo por el Padre Suyo y Padre nuestro, al Dios Suyo y Dios nuestro. Así que, tranquilos… El amor acabará derrotando cualquier resquicio de dolor.

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