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De Eva a María

Hoy en día hay mucha confusión sobre la dignidad de la mujer. Hasta en los ámbitos cristianos se meten ideologías mundanas que tratan de desdibujar la verdadera dignidad del ser humano y como consecuencia la verdadera dignidad de la mujer.

Podemos preguntarnos para empezar: ¿por qué es tan difícil ver con claridad, vivir y desarrollar de manera perfecta el ser mujer?

Si acudimos al libro del Génesis y leemos el relato de la creación del hombre, vemos que tanto el hombre como la mujer fueron creados a imagen y semejanza de Dios. Es “la única criatura en la tierra a la que Dios ha amado por sí misma” (Gaudium et Spes 24, 3).

Eva desobedeció y entró la muerte y el pecado. María obedeció y entró la Vida y la salvación. María es la Nueva Eva, como la han definido los Padres de la Iglesia. Tenemos que mirar a María más, mirar sus actitudes, mirar cómo amaba a Dios, cómo su corazón se abría a Dios y cómo vivía con Él.

Si no lo hemos hecho todavía, entremos cuanto antes en su escuela para que nos enseñe cómo ser mujer. Entremos en su casa, pongámonos en su presencia para que nos cuide, nos proteja y pueda actuar como Madre en nuestras vidas.

Santa Edith Stein dijo que “María nos ha alumbrado a la vida de la gracia, al entregar todo su ser, cuerpo y alma, para la maternidad divina. Por eso existe una íntima vinculación entre ella y nosotros: ella nos ama, nos conoce, se afana por hacer de cada uno de nosotros lo que está llamado a ser”. Confiémonos, pues, a Ella.

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