Curso BíblicoEspiritualidad

Del apóstol Juan a nosotros

Veremos el último de los testigos oculares del Señor Jesús a quien se atribuye el cuarto evangelio, tres cartas y el Apocalipsis: el Apóstol Juan.

El evangelio de Juan se distingue de los primeros tres. Escrito entre el año 95 y 100, es decir unos treinta años después de los demás evangelistas, se dirigió a otra generación de cristianos: la segunda, de lo que se saca dos consecuencias:

Primero, el autor no tenía que repetir lo que habían escrito los otros evangelistas. Por ejemplo, de los siete milagros narrados en el cuarto evangelio, solo dos se hallan en los tres primeros: la multiplicación  de los panes y la marcha de Jesús sobre las aguas; los demás son propios de Juan. En segundo lugar, la situación de la Iglesia a fines del primer siglo. En aquellos tiempos, igual que hoy, dos clases de peligros amenazaban al Pueblo de Dios; algunos venían de adentro: ausencia de fervor y la aparición de las primeras herejías y otros de afuera: las persecuciones.

Las siete cartas que están al principio del Apocalipsis nos informan sobre ese contexto. La persecución era uno de los graves males que afectaba a la Iglesia en los últimos años de Juan. A fines del primer siglo, en tiempos de Domiciano, una persecución muy violenta se extendió a todas partes del imperio romano, situación inevitable porque los cristianos, por su estilo de vida, denunciaban la opresión de la Roma imperial, que exigía, entre otras cosas, que todos rindieran culto a sus dioses y a la persona del emperador. 

En este contexto escribió Juan sus Cartas y el Apocalipsis. Los fieles, una vez más, habían de elegir entre la idolatría y el martirio.

Artículo anterior

Bautismo e increencia religiosa

Siguiente artículo

Llevaron esperanza y alegría al Hospital del Niño y Santo Tomás