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Del osado testimonio de un cristiano

(Hechos 6 y 7) Esteban, nombrado entre los primeros siete diáconos, fue el primer mártir cristiano.  El fue acusado ante el Sanedrín por una discusión en la sinagoga de los Libertos y de haber hablado en contra del Templo y la Ley, cuando en realidad, la crítica de Esteban estaba dirigida al judaísmo que se había encasillado en un espíritu intolerante.

En su defensa, el discurso de Esteban resultó osado y también es osado hoy.  No se defiende, sino que teje un prolongado y bello discurso sobre la historia de Israel, que se convierte en una clara acusación contra los jefes del judaísmo allí presentes.

Deja muy claro que las autoridades han perseguido siempre a los profetas, a Jesús y ahora a él mismo, siendo tales autoridades culpables, sobre todo los jefes religiosos, porque conocen la ley, que siendo “palabra de vida” ellos la han convertido en “palabra de muerte”, es decir, en instrumento de manipulación contra el pueblo, su libertad y su vida.

Esteban señala que el Reino de Dios está dentro de cada uno y no encerrado dentro de las paredes de un selecto (santo) lugar y acusa a las autoridades de alevosía por querer encerrar al Dios de la libertad y el amor en el Templo.

El propósito del autor de los Hechos es mostrar cómo el naciente cristianismo va rompiendo con el judaísmo, recordando que para esa época los jerarcas religiosos mantenían una relación de opresión y manejo a su antojo del pueblo y de cómo los cristianos se convierten en los genuinos intérpretes de las escrituras.

Tristemente, pareciera que algunos cristianos hemos rescatado de nuestra memoria histórica,  aquello de ser exclusivos en la manera en que debemos estar y actuar en nuestras parroquias.

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