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Delegados: La misión con alegría

Los Delegados de la Palabra son hombres y mujeres de gran fe que celebran cada domingo en los lugares  en donde no cuentan con un sacerdote o un diácono.

Convocan a una comunidad en Cristo Resucitado, pero esa Palabra no sólo se queda en la simple celebración o admiración sino, que al iluminarse una realidad e impulsarle a una superación se despojan de todo lo que oprime al hombre, y se convierte también en una celebración de la vida a la luz de Cristo presente.

En esta diócesis la mente maestra que inició este proyecto de Delegados de la Palabra fue Monseñor Aurelio García Pinzón (q.e.p.d.).  Siendo el primer Vicario Episcopal de Coclé, estableció los Delegados de la Palabra, formación campesina, capacitada y autorizada por la jerarquía eclesiástica para llevar la Palabra de Dios, los cuales han sido hasta la fecha,  el pilar de la iglesia en las montañas. Son  ellos los que llevan la llama ardiente del catolicismo fundamentado en el Código de Derecho Canónico numeral 759. Ésta fue una idea importada,  traída de la iglesia católica de Honduras a Panamá, con el apoyo incondicional del recordado Monseñor Marcos Gregorio McGrath, Arzobispo de Panamá  en los años 80, tal como está plasmado en una biografía del desaparecido Monse-ñor Aurelio.

En esta diócesis el Delegado de la Palabra más antiguo se llama Justo Ovalle,  y como dato curioso, se destaca que  tuvo la oportunidad de conversar con el Santo Padre Juan Pablo II,  cuando estuvo de vi-sita en Panamá en el año 1983.

Hablar  de  los  Delegados  de  la  Palabra, es ver  la Divina Providencia que desde  el  principio iluminó el camino, para  plantar la semilla que fructíficara en el nacimiento del Seminario Cristo Sembrador, para un puente hacia la vocación del  sacerdocio, muchos de los actuales sacerdotes de Coclé, recibieron allí sus primeras lecciones.

De hecho, un 80 % de las comunidades  que  conforman esta diócesis, son atendidas por los hermanos Delegados de la Palabra.  Son laicos,  en su mayoría campesinos y trabajadores, que reciben del Obispo la misión para formar y presidir una comunidad local.

Ellos están en perfecta comunión con el Obispo y los sacerdotes de su parroquia, se mantienen en acción permanente, por lo que la Iglesia evangeliza y  sigue  su  rumbo, gracias a la gente humilde y sencilla que colabora como Delegados de la Palabra.

No tienen estudios académicos, pero son agentes de pastoral con buena formación religiosa; son personas llenas del Espíritu Santo para enfrentar las dificultades y sufrimientos de los enviados de Dios. Son profetas como Moisés caminando por el desierto;  son misioneros permanentes.

Testimonios vivos…

Proveniente de la comunidad de Aguas Claras de Tulú, Tranquilino Rodríguez , tiene 48 años de servir como Delegado, y señaló que para él, es una experiencia grandiosa. “El saber que Dios se ha fijado en mí y en mis hermanos no es algo a la ligera, sino un verdadero misterio que Dios nos da, vivir esa experiencia del llamado del Señor para luego compartir desde la sencillez,  demostrando la misericordia de Dios en nuestras comunidades”, explicó.

La celebración de la Palabra dominical en las aldeas y caseríos mantiene viva la fe y la comunión. En algunos casos, además, existe reserva eucarística en el sagrario y se reparte la sagrada comunión.

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