DiócesisPrelatura de Bocas del Toro

Dios transforma vidas y abre caminos

En la vida no tenemos errores, sino lecciones y cada una de ellas, nos enseña el camino y rumbo de nuestra vida. Joselin Rivera tiene 34 años, nació en Chiriquí, es bocatoreña de corazón, hija única y de madre soltera, una condición que la hizo crecer con una serie de irregularidades, complejos y muchas dudas.

A los 16 años, al recibir la confirmación, vivía un gran vacío existencial, invadida por un profundo sentimiento de soledad e incertidumbre sobre su futuro, decidió edificar su vida. Al cumplir 18 años tomó la decisión de alejarse completamente de la Iglesia enfocada en construir su vida, fundamentada en lo que el mundo le decía: “para ser feliz necesitas un trabajo, un techo y bienes materiales; con esto el mundo te hace ser una persona de éxito”.

Fue así como en julio del año 2012 al encontrarse en una situación que la hizo tocar fondo, es sumergida en una profunda depresión. En ese momento viendo sus miserias, decide hacer una promesa a Dios, reintegrarse a la vida de la Iglesia y ser una hija obediente, y con la esperanza en Él, sentir esa fuerza interior que necesitaba, para seguir adelante afrontando su vida, porque en ese momento no tenía fuerzas, estaba agotada.

Es así como el 14 de noviembre de 2014 retoma el camino en la iglesia nuevamente, cumplió su promesa, así como la parábola del hijo pródigo. A partir de esa fecha ha vivido momentos gratos y enriquecedores en su fe cristiana.

El 9 de abril de 2017 en un domingo de Ramos al leer la pasión de Cristo, en la que se relata el paso de Jesús camino al calvario, dentro de ella algo repicaba “¿por qué, por qué te hicieron eso Jesús?” Iba adentrándose en la lectura, leía sobre las caídas de Jesús y volvía esta introspección que le decía a sí misma por qué te hicieron eso? Si tú eras tan bueno.

En ese momento se fueron revelando momentos en los que al igual que Jesús, a lo largo de la vida de Joselin, ella también había caído, pero recordaba que nunca estuvo sola, siempre hubo una mano que la levantaba.

Mientras emprendía ese camino de vuelta a la fe, sintió con más fuerza el llamado de Dios. En su interior podía escucharle diciendo “ te amo, ve y busca a tu madre”, y aunque fuera algo increíble para ella, en su corazón sabía que era Cristo quien le hablaba. Esto la hizo recapacitar y pensaba en lo grande del amor de Dios.

Nos cuenta Joselin que ese momento le llenó su alma, los vacíos más profundos que en ella existían, la hicieron sentirse una persona más agradecida. Ella no tuvo a dicha de contar con una familia como los demás, con un papá y una mamá, pero en cambio recibió una tía y un padrino que nunca la desampararon.

“Dar testimonio de mi fe a lo largo de mi vida me ha hecho crecer, acrecentar.

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