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Docentes dejan huellas en el alma

Elsy Quintero es oriunda del distrito de Ocú, provincia de Herrera. Lleva 17 años como docente, y actualmente trabaja en el Centro Educativo Marco Alarcón, en la zona misionera de Metetí en el Vicariato Apostólico de Darién. Como ella, cientos de docentes se encuentran en esta provincia compartiendo sus talentos y capacidades entregados a la enseñanza de los darienitas.

Quintero es maestra de grado. Para ella “ser docente o maestra es tener desafíos todos los días, por el resto de tu vida. El primero es enseñar y enseñar bien, porque educar no es cualquier cosa”, asegura.

Tener a niños y niñas a tu alcance para educarlos y que estén a la espera de ti para que recibir esa enseñanza es algo impresionante, la satisfacción es verdaderamente enorme porque puedes percibir cómo se interpela en la vida de estos estudiantes que se forjarán un futuro con base en lo que aprendan en las aulas de clase.

“Los logros de un educador pueden ser muchos, los principales que un docente puede tener son los que permita en sus estudiantes.

Ellos llegan con necesidades educativas (aprender a leer, escribir, que requiere conocimientos nuevos), son estos los verdaderos grandes logros que obtiene un maestro(a)nen su trabajo”, comenta Quintero.

La docente explica que los desafíos como docente son: “no sentir”.

Es algo que se imprime de manera errónea en el docente, no sentir amor por tus estudiantes. 

Por el contrario, creo que un docente debe sentir amor por sus estudiantes. No sentir emoción cuando ellos logran algo, dolor o tristeza cuando los estudiantes se sienten mal, es parte de estos retos que viven diariamente estos educadores con sus alumnos. 

Elsy es madre, esposa y entiende que las sensaciones que viven como docente se evidencian en su entorno familiar y que esto afecta muchas veces, precisamente porque son vivencias fuertes que se pegan en la piel.

Ser maestra es más que cubrir un programa o cumplir un horario de clases, es formar gente provechosa o exitosa para la vida; ser docente es verdaderamente gratificante por múltiples razones.

En la zona misionera de Santa Fe está la maestra Mileidi Ureña, oriunda de la diócesis de Santiago. Tiene cuatro años de ejercer y para ella “esta es una noble labor, un dulce trabajo poder enseñar”.

Es docente de la asignatura de Familia y Desarrollo Comunitario en el Centro Educativo Bilingüe Santa Fe. Uno de sus mayores desafíos ha sido poder enseñar a sus estudiantes de tres culturas distintas, ya que en este colegio se atienden indígenas, afros y campesinos, inclusive algunos de origen asiático.

Califica su experiencia docente como maravillosa, con sus momentos difíciles: dejar su provincia, familia, amistades y vivir alquilada, dormir en el piso mientras se iba instalando. Además de tratar con otras culturas, afros e indígenas es algo nuevo para ella, precisamente esta mezcla de culturas en la escuela, que le costó mucho poder adaptarse.

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