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El Adviento nos recuerda que el Señor vino, viene y vendrá

El Adviento nos recuerda que el Señor vino, viene y vendrá

La Iglesia da el nombre de Adviento a las cuatro semanas que preceden a la Navidad, como una manera de prepararnos en la esperanza y el arrepentimiento para la llegada del Señor.

 

Por Redacción

Durante estas cuatro semanas se nos invita a recordar el pasado, nos impulsa a vivir el presente y a preparar el futuro. He aquí el primer tema para reflexionar en familia y nuestra comunidad parroquial.

Vino

El Señor Vino, en cuanto recordamos aquellos momentos llenos de ternura en los que contemplamos al Salvador en su infancia, cuando “se cumplió la plenitud de los tiempos y envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley”. Es lo que tratamos de rehacer cuando ponemos en nuestras casas la escena sublime del Pesebre, justamente cuando en este año recordaremos que San Francisco, hace ochocientos años, revivió en Asís la llegada de Jesús a nuestra historia. En esta rutina que se ha vuelto nuestra vida estamos como inmovilizados, nos detenemos y no avanzamos.

El Señor está a la puerta y nosotros seguimos como paralizados en nuestras existencias, viviendo la monotonía de nuestra vida, cuando lo que se propone y anuncia es la alegría y la esperanza, para que, como dice el profeta Isaías “se rasgue el cielo” (Cf. Isaías 63, 19) y seamos iluminados por el amor de Dios, por sus palabras, por su cercanía distinta y alegre, por el misterio del Niño que nos sigue conmoviendo.

 

El pesebre nos recuerda la llegada de Jesús a nuestra historia.

Viene

Sabemos que el Señor viene, así en presente porque la presencia del Señor es actual y viva. Viene en la Eucaristía, viene en la gracia de la Palabra que escuchamos, viene “en cada hombre y en cada acontecimiento”, viene en las circunstancias concretas y también, podremos reconocerlo “donde un hombre trabaja y un corazón le responde”.

Hoy lo hemos de esperar viviendo en las realidades del mundo que necesita luz y alegría, esperanza y paz, que se debate en tantas incertidumbres y que necesita una luz cierta y no un esplendor pasajero. Viene y nos trae la paz, nos invitará a vivir como hermanos… Viene a nuestro Panamá para que seamos familia, para que volvamos a reunirnos entorno a la única MESA que Él preside, la Eucaristía.

“Lo que les digo a ustedes, lo digo a todos: ¡velen!”, no sea que nos llegue de improviso aquella visita y nos encuentre entretenidos en los vicios, en el derroche, en las vanidades de este mundo.

Vendrá

Sabemos que el Señor volverá y esa es la esperanza de la Iglesia, que los sabios y los santos llaman escatología, es decir: futura y gloriosa manifestación del Señor.

El Adviento es una escuela de esperanza. Para que aprovechemos las lecciones, tendremos unos días tan grandes, tan llenos de luz y de esperanza, y, los ríos de luz de tantas lámparas y luces indican que hemos de “mantenernos firmes hasta el final”, como nos lo ha dicho San Pablo: Él que vino, el que viene, el que vendrá, nos enseñe el camino verdadero y nos dé valor para emprender también nosotros este camino acompañado de las obras buenas.

El Señor nos invita a esperarle, a estar en vela, a prepararnos para su venida.

Cada uno en su corazón, juntos en familia, y también como comunidad cristiana, la Iglesia nos pide renovemos nuestro modo de ser católicos. Que reafirmemos nuestra identidad, que nos comprometamos con la gran misión de la Iglesia, la evangelización, para que en Panamá la fe, la esperanza y el amor renueven las personas y transformen la cultura, reconociéndonos peregrinos de la esperanza que viven la Caridad.