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El Maestro y su doctrina

Gracias a sus dones excepcionales y a la calidad insuperable de su mensaje, Jesús, no tardó mucho en ser rodeado de discípulos, convirtiéndose en Rabí, es decir Maestro. De ese grupo numeroso que acudía a oír sus palabras por motivos muy diversos, se destacó luego un grupo de hombres y mujeres que se dejaron guiar por sus enseñanzas.

Para ser del grupo de los discípulos era preciso ser llamado personalmente por Jesús y aceptar las condiciones puestas por él. Otros que no habían sido llamados quisieron acompañar a Jesús, (el poseso de Gerasa), que en la alegría de su liberación quería ser admitido en su compañía.

De entre los primeros discípulos Jesús se escogió Doce compañeros. Ahora, lo más importante es saber qué es lo que Jesús hizo con ellos. Dos indicaciones, elegidas entre varias, nos lo dirán: el número Doce determinado por Jesús y el nombre de Apóstoles que él les dio.

El número doce recordaba las doce tribus del pueblo de Israel. La intención de Jesús aparece clara: hacer de los Doce el fundamento del nuevo Israel, la Iglesia.

En tanto que el término apóstol significa enviado; más que un simple mensajero es un delegado autorizado, un representante que puede hablar y actuar en nombre de otro, ausente.

¿Cuál era el secreto de Jesús para atraer las masas y ganarse a confianza de Doce apóstoles y muchos discípulos? La gran diferencia entre el mensaje liberador de Jesús y las obligaciones que los maestros judíos imponían sobre las espaldas de la gente.

Jesús reveló que Dios es nuestro Padre, un Padre que conoce todas nuestras necesidades, y es bueno para con todos, incluso para el hijo pródigo que vuelve a él.

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