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Misión y martirio: inseparables

Afrontar el tema del martirio en la catequesis es una tarea que resulta difícil, por ello ha de enfocarse desde la perspectiva del amor hasta el extremo, con el ejemplo de tantos cristianos que permanecieron fieles a la misión de Jesucristo y a su Iglesia hasta las últimas consecuencias.

La prueba de que la misión y el martirio son inseparables es el mismo Señor Jesucristo, obediente y fiel a la misión encomendada por el Padre hasta el final. Lo siguió el protomártir, Diácono Esteban y luego, muchos otros mártires misioneros hasta nuestros días, que con su entrega dieron prueba de su fidelidad a la misión encomendada por Jesús. De allí, la costumbre de los primeros cristianos de celebrar la “fracción del pan” sobre la tumba de los mártires, pues la sangre de los mártires es semilla de cristianos.

“Hoy hay más mártires que al principio de la vida de la Iglesia y los mártires están por doquier… lo que asegura el crecimiento y la fecundidad del Pueblo de Dios”, ha dicho el Papa Francisco en su audiencia general del 25 de septiembre de 2019. Muchos de esos mártires han sido catequistas. “El martirio es el supremo testimonio de la verdad de la fe. El mártir da testimonio de Cristo, muerto y resucitado” (CIC 2473).

¿De dónde nace la fuerza para afrontar el martirio? De la profunda e íntima unión con Cristo, porque la vocación al martirio no es el resultado de un esfuerzo humano, sino la respuesta a la iniciativa y llamada de Dios; es Él quien da la gracia para ofrecer hasta la propia vida por el Evangelio. “La vida cristiana, -dice Benedicto XVI,- exige […] el ‘martirio’ de la fidelidad cotidiana al Evangelio, es decir, el valor de dejar que Cristo crezca en nosotros y sea Él quien oriente nuestro pensamiento y nuestras acciones.”

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