CatequesisEspiritualidad

El misterio del Reino

Jesús comparó el Reino con un sembrador que siembra semillas en toda clase de terrenos, con una semilla y la cizaña que crecen juntos, con la semilla de mostaza que siendo la más pequeña llega a ser un gran árbol, con la levadura que hace crecer la masa, con un tesoro escondido y

con una perla de gran valor, por los cuales vale la pena vender todo y comprarlos. También, con una red de pesca que recoge toda clase de peces y al final se sacan los buenos. De distintas maneras Jesús explicó el misterio del Reino, pero sabemos por los evangelios que ni los apóstoles, antes de Pentecostés, lo habían entendido bien. Con cuánta razón, le toca al Catequista acompañar al interlocutor según su edad, en la maduración del concepto del Reino.

Por ejemplo, a un adulto, se le presenta el misterio del Reino desde la experiencia del resucitado, para llevarlo a comprender que la vida brota de la muerte y de la resurrección. El Reino lo trae consigo Cristo, con su victoria en la cruz sobre la muerte y el pecado. A los niños, es recomendable crear un ambiente lleno de imaginación y afectividad; presentarles los relatos de las parábolas del Reino con mucha creatividad, para que se les grabe la imagen aunque todavía no comprendan todo el significado. Además, se les presenta a un Jesús bondadoso, proponiéndoles actividades que les ayuden a imitar las actitudes del Reino.

En cuanto a los jóvenes, hay que presentarles la dimensión universal del Reino, con sus valores fundamentales. Les ayudará mucho plantearles la pregunta: ¿hacia dónde dirigen su vida? Asimismo, invitarlos a desarrollar las tareas del Reino, a favor de la justicia y de la paz. Es decir, enseñarles a valorar la comunidad como el espacio donde se vive el Reino.

Artículo anterior

Cada ser humano es hijo de Dios

Siguiente artículo

El sufrimiento no es castigo