CleroComunidad

El nacimiento de María

José-Román Flecha Andrés

En la escena del nacimiento de María que el Giotto nos dejó en la Capilla Scrovegni de Padua, la niña, bien envuelta en las fajas tradicionales, ya venía al mundo con la aureola de la santidad. A decir verdad, también la traía en la pintura de Pedro Berruguete  que se conserva en el Museo Diocesano de Palencia.

Otros artistas como Ghirlandaio o Guido Reni prefirieron mostrar los lavatorios que comadronas y asistentes propician a la recién nacida. El mismo motivo eligieron Pantoja de la Cruz en el cuadro que vemos en el Museo del Prado y Lucas Jordán en ese amplio escenario que se observa en el Monasterio de Guadalupe.

A esta fiesta del nacimiento de María tampoco han estado ausentes los poetas.  Fray Ambrosio de Montesino la acogía con gozo: “Reina por mi bien venida, Dios te espera, para dar contigo vida verdadera”. 

Lope de Vega apunta a los astros del cielo que en este día miraron asombrados a este suelo: “Hoy acá en el suelo se formó una estrella que nació un sol della mejor que el del cielo”. Y no era para menos el portento: “Hoy nace una clara estrella, tan divina y celestial, que con ser estrella, es tal que el mismo sol nace della”. 

Según el mismo Lope, es una niña, pero hay que tratarla como lo que ha de ser:   “Canten hoy, pues nacéis vos, los ángeles, gran Señora, y ensáyense desde ahora, para cuando nazca Dios… Pues de aquí a catorce años, que en hora buena cumpláis, verán el bien que nos dais, remedio de tantos daños”.

En un día del nacimiento de María san Bernardo predicó el famoso sermón “del acueducto”. Por ella nos llega el agua de “esa fuente inagotable que esta más arriba de los cielos”. Con razón decía él: “Suprime a María, estrella del mar, de este mar inmenso e infinito, ¿qué nos queda sino oscuridad impenetrable, sombra de muerte y densas tinieblas?”

En otro sermón predicado en este día, san Juan de Ávila evocaba una pregunta del Cantar de los Cantares: “¿Quién es esta que nace como el alba que amanece?” (Cant 6,9). Tras recordar la limpieza de María, pronuncia él una brillante bendición: “Bendito sea nuestro Dios, que nos quiso alegrar con el nacimiento de esta santísima Niña, tan llena de luz, que de alba precede a luna y de luna a sol; dándonos ejemplo de lo que nosotros debemos crecer en el servicio de Dios y ayudándonos para ello con su eficacísima intercesión y oración”. 

En su exhortación sobre el culto mariano, el santo papa Pablo VI alude a la celebración de este día de la natividad de María,  «esperanza de todo el mundo y aurora de la salvación».

Esta fiesta, que da origen a la celebración de tantas advocaciones marianas, refleja bien la religiosidad popular. Y en este tiempo de oscuridad, nos invita a todos a proponer ese atisbo de esperanza que anuncia el amanecer.

Artículo anterior

Medicamentos: ¿curación o negocio?

Siguiente artículo

Mes del Migrante y Refugiado