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El nido vacío ¿ahora qué hacemos?

Uno de los retos que viven los matrimonios es la llegada de los hijos “Los hijos que nos nacen son ricas bendiciones del Señor” [Salmo 127,3], y luego cuando emprenden su propia vida fuera de casa “El hombre dejará a su padre y a su madre” (Génesis 2,24).

Aún cuando muchos se sienten satisfechos, de haber logrado su objetivo de crianza de los hijos y que ellos también por sus propios medios alcanzaron metas, esta situación genera cambios significativos en la vida de la familia, que implica un proceso de adaptación.

Es el inicio de una gran etapa para los cónyuges, el aumento del tiempo para cultivar con más énfasis el amor propio, el fortalecimiento y la modificación de la vida en pareja, abrirse a la creatividad para asumirnuevos retos y nuevas experiencias.

Sentir que ahora “el nido vacío” nos trae inestabilidad y pérdida del sentido de nuestra vida tiene varios causales; cuando ponemos en primer lugar a nuestros hijos, cuando se siente que desde hace tiempo la pareja perdió la conexión o cuando es estamos frente a una realidad monoparental. El ciclo natural de la familia no termina con esta etapa. Al contrario, es el inicio de una etapa nueva en la que un amor maduro, abre paso a una convivencia conyugal serena, esperanzada y enriquecida por el agradecimiento de unos hijos que se seguirán nutriendo continuamente del amor de sus padres.

Por tanto, el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y serán una sola carne. Gn 2,24.

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