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Emociones se funden, símbolos evocan paz y alegría

Emociones que se suman y se funden evocando un sentido de paz y alegría, al sentirse protagonistas de un hecho histórico y trascendental. Así es la que euforia que viven las comunidades con la peregrinación de los Símbolos de la JMJ.

El recorrido inició en Ocú de la mano de los voluntarios de la diócesis de Santiago, siendo el sitio de acogida el sector de El Cruce, punto de frontera entre las provincias de Veraguas y Herrera, ubicado a un lado de la carretera Interamericana.

Desde allí los Símbolos, respaldados por una multitud de jóvenes de las escuelas y colegios locales fueron trasladados a la parroquia donde los feligreses de todas las edades estaban esperando.

Entre cantos, adoración, celebración de la Misa, oración personal y comunitaria, el tiempo voló. Todos acompañaron a estos emblemas a Los Llanos de Ocú, Las Minas, Los Pozos, Pesé y Macaracas.

No hay palabras para describir el clima emotivo que se genera a la llegada de los Símbolos y sobre todo, cuando cada uno tiene la posibilidad de acercarse y tocarlos.

Durante su recorrido estos días se ha notado una profunda devoción, respeto y atención en los adultos mayores, niños y jóvenes que han vivido esta peregrinación con mucha fe, es un encuentro donde afloran aquellos sentimientos de amor, misericordia y paz dejando esa llama encendida en sus corazones.

Reflexionemos

La Cruz peregrina lleva en sí misma la fuerza de la simbología que nos recuerda el amor sin límite de nuestro Dios, que entrega a su Hijo por amor de la humanidad. Además, encierra los sueños, los anhelos, los dolores y las esperanzas de miles de jóvenes de todo el mundo, la cual, desde su partida de Roma, al finalizar la primera Jornada Mundial de la Juventud en el 1985, han tenido la oportunidad de recibirla, tocarla, dejarse tocar del amor de Dios y cambiar el rumbo de la propia vida.

Los Símbolos de la JMJ, no tienen poderes mágicos, son sencillamente Símbolos que nos recuerdan que en este mundo que pide milagros, en una sociedad que busca poder, y a jóvenes que buscan un sentido a la propia existencia, el Único que puede darnos la verdadera felicidad y llenar el corazón de aquella paz y alegría que nadie podrá robar, es Jesús.

La Cruz es el signo de la contradicción, el signo del Amor que, a través de la entrega total, se convierte en fuerza liberadora de la humanidad.

Todos estos sentimientos y emociones difíciles de expresar con palabras, los jóvenes los han manifestado con el canto del Himno de la JMJ. “He aquí, la sierva del Señor, háganse en mi según tu Palabra.

Solo Dios conoce los anhelos de cada uno, sus sufrimientos, sus invocaciones, y los Símbolos son testimonios silenciosos de esta humanidad que busca el “contacto” con lo que ellos representan, el amor misericordioso de Dios que nos ha entregado a su Hijo amado.

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