Uncategorized

Empinarnos sobre las diferencias para construir la Patria de todos y para todos

Hermanas y hermanos todos: Los 116 años de vida independiente son motivos para estar contentos y hacer fiesta, pero también nos dan una oportunidad preciosa para mirar hacia atrás con memoria agradecida y proyectarnos esperanzados hacia el futuro.

Ayer los héroes, extraordinarios hombres y mujeres, se entregaron por la grandeza de Panamá en campos de batallas y en arriesgadas acciones; hoy hemos de buscar la grandeza de Panamá, fortaleciendo los principios y valores que sostuvieron tradicionalmente este país: una cultura en la que son evidentes la honestidad, la probidad, y la legitimidad de los ciudadanos y las autoridades del país.

Panamá en las manos de Dios

En este día queremos poner nuevamente a Panamá en las manos de Dios. Confiar en Dios no significa abdicar de la propia responsabilidad en la construcción de la historia. Significa hacer la historia junto con Dios, interpretar en ella sus designios, y ser protagonistas de la construcción del Reino en la tierra.

Encomendar la Patria a Dios significa decirle “queremos construirla nosotros contigo, nosotros según tus designios, nosotros como intérpretes y ejecutores libres sobre lo que tú piensas sobre nuestro pueblo, sobre la justicia y la paz, sobre la justa distribución de los bienes y sobre el amor.”

La Patria, fruto de nuestra libertad

La libertad que gozamos es el mayor don de Dios, y a su vez, nuestra mayor responsabilidad.

La libertad no consiste en hacer siempre lo que me agrada y beneficia, ella debe abrirse a los demás, para hacer justicia social, puentes de entendimiento y de respeto.

Ser libres es maravilloso, pero necesariamente nos hace responsables de nuestros actos, no queda espacio para excusas, para desentendernos de nuestra responsabilidad personal, o para pretender que otros hagan aquello que a mí me corresponde hacer, y hacerlo bien.

Jóvenes protagonistas y amantes de la libertad

Queridos jóvenes: hoy queremos nuevamente reiterarles que ustedes “no son el futuro”, sino “el ahora, el presente”.

En esta semana, muchos jóvenes dieron la cara sin violencia, sin antifaces, y expresaron con seriedad su punto de vista en torno a las reformas constitucionales. Les digo que me tocaron el corazón, me emocionaron, porque me han confirmado que este año ha sido, sin duda, el año de la juventud en Panamá. Ustedes han dicho “sí” animados “a abrazar la vida como viene, con toda su fragilidad y pequeñez, y hasta

muchas veces con todas sus contradicciones e insignificancias”, tal como nos dijo el Santo Padre.

Pero recuerden, no el que más grita tiene la razón, porque la fuerza de la juventud está en su creatividad y la frescura de su voz, en la manera limpia de ver la vida, y trazar sus caminos sin mezquindades ni segundas agendas, porque un joven de verdad no negocia su integridad.

Patria nueva en manos de todos El Papa Francisco en su encuentro con autoridades y líderes de la sociedad civil de nuestro país recalcó que: “Es imposible pensar el futuro de una sociedad sin la participación activa -y no solo nominal- de cada uno de sus miembros, de tal modo que la dignidad se vea reconocida y garantizada en el acceso a la educación de calidad, y en la promoción de trabajos dignos. Ambas realidades tienen la fuerza de ayudar a reconocer y valorar la genialidad y el dinamismo creador de este pueblo y, a su vez, son el mejor antídoto ante cualquier tipo de tutelaje que pretenda recortar la libertad y someta o asalte la dignidad ciudadana, especialmente la de los más pobres”. (Discurso en el encuentro con autoridades,

del cuerpo diplomático y representantes de la sociedad civil, Palacio Bolívar – Ministerio de Relaciones Exteriores. Jueves, 24

de enero de 2019).

Las Reformas Constitucionales demandan la participación de todos los sectores, garantizando un

mecanismo de consulta que nos lleve a lograr un consenso nacional. 

También el pueblo espera con gran esperanza el nombramiento de los nuevos Magistrados; que sean realmente profesionales del derecho, con amplia trayectoria, con independencia, honestidad y ética comprobada. Que estas designaciones sean el signo de que realmente se quiere hacer la diferencia.

Oremos para que sean de manos firmes, justas, desconectadas de cualquier interés y presión.

Sigamos soñando

No quiero terminar sin compartir como todo panameño y panameña un sueño. Hoy debo decir que mi deseo y mi sueño es que en Panamá el hombre y la mujer sean respetados y valorados; desde que son concebidos en el vientre materno, hasta que lleguen al ocaso de sus días.

Que en mi país todos vivamos con dignidad, libres de toda discriminación social, política, cultural, racial o religiosa. Que nos empeñemos mucho más en crecer en el amor, la fraternidad y la tolerancia.

Quiero que en Panamá prevalezca la justicia social y la equidad, que no haya muchos en la extrema pobreza, y pocos en la opulencia. Que los más fuertes no se desentiendan de los más débiles. 

Que el mejorar los índices económicos o levantar grandes industrias y edificios, no se haga irrespetando al medio ambiente.

Que los enfermos puedan tener acceso fácil a la salud.

Que cada niño tenga una escuela digna donde estudiar y los recursos para hacerlo. Y que los sabios se responsabilicen de los que permanecen en la ignorancia.

Que cada jefe de hogar tenga un trabajo honrado, estable y justamente remunerado, que le permita cubrir las necesidades básicas de su familia, que tenga una casa digna, donde pueda reunirse a comer, a jugar, a orar, y a amarse entrañablemente.

Por último, quiero para mi patria lo más sagrado: que vuelva su corazón hacia el Señor. Hacia el Dios de la Vida. Que agradezcamos en cada aurora y en cada crepúsculo por tener una Patria y un país, con un pueblo creyente que se fatiga en cada jornada por ver convertido su sudor en una nueva esperanza, que nos anima a gritar de emoción: ¡Gracias Dios por nuestro Panamá!

Que Santa María la Antigua nos anime y acompañe en estos momentos de la historia, que requieren de hombres y mujeres que sepan empinarse sobre las diferencias para construir un país más justo, equitativo, de oportunidades, para todos los panameños.

Artículo anterior

En Ngöbere llevan buena nueva

Siguiente artículo

Que los interlocutores de la catequesis sean siempre los primeros protagonistas