La Iglesia católica de Panamá despidió con profundo respeto y gratitud a la Hermana María Inés González, quien partió al encuentro del Padre el pasado 18 de abril.
Por Betzaida Toulier U.
La vida de Josefa Antonia González Montoya – Hna. María Inés- fue un testimonio vivo de lo que significa ser “servidora leal y comprometida”, una mujer que no solo acompañó la labor institucional, sino que personificó el espíritu de renovación que marcó a la Iglesia panameña en la segunda mitad del siglo XX.
El Arzobispo de Panamá, José Domingo Ulloa Mendieta, tras enterarse de su fallecimiento, expresó sus condolencias y resalto el aporte que hizo la Hna. María Inés a la iglesia panameña.
“Fue una servidora leal a su Iglesia. A través de su capacidad intelectual y espiritual, demostró que la mujer está facultada para articular la visión de una Iglesia moderna y comprometida”, así destaca Mons. Ulloa a esta mujer de presencia discreta y silenciosa, pero que deja un gran legado.
“La Hna. María Inés no solo ‘ayudaba’, ella generaba pensamiento, impulsaba acciones y comprendía, con una agudeza única, los cambios que el momento histórico exigía”, expresó.
Su obra, tejida con humildad y entrega, ya está escrita en el corazón de la historia de la Iglesia panameña.
Camino recorrido
Su labor comenzó en la secretaría del Obispado de Santiago de Veraguas (1964-1969) y continuó ininterrumpidamente durante todo el ministerio de Marcos Gregorio McGrath como Arzobispo Metropolitano de Panamá durante más de 33 años.
En una época donde el papel de la mujer en la Iglesia comenzaba a redefinirse tras el Concilio Vaticano II, ella fue una protagonista silenciosa pero fundamental, capaz de generar el pensamiento y la acción que los tiempos exigían.
Fue custodio del pensamiento de Monseñor McGrath, asegurando que su legado de justicia social y renovación eclesial no se perdiera. De esto da fe, Manuelita Núñez, encargada de investigación y documentación del Arzobispado de Panamá.
Dijo que quienes la trataron de cerca, reconocen que ella fue la prueba viviente de lo que Monseñor McGrath tanto impulsó tras el Concilio Vaticano II: que las mujeres no solo estaban para colaborar, sino para liderar con un papel protagónico.
La Hna. Geraldine conoció a la Hna. María Inés en 1989. “Amé su espíritu abierto con los demás y la relación de confianza que tenía con Monseñor McGrath”.
Precisamente por ser la mano derecha del Arzobispo de Panamá, ese mismo año, la Hna. María Inés fue objeto de amenazas. En una ocasión sonó el teléfono en la madrugada y le dijeron: “sabemos que tu eres la que envías los comunicados de la CEP y del Arzobispado, ¡cuídate! te tenemos en la lista”, le advirtieron sin identificarse.
Esta anécdota revela que no solo fue una mujer de fe entregada a la misión de la Iglesia, también expuso su vida por defender la verdad y su amor a la Patria.
“Los batalloneros acosaban a los cercanos a Monseñor McGrath, entre ellos la Hermana Inés, confirma Carlos Lee, para esas fechas Director Nacional de Pastoral Social Cáritas.
Misión y compromiso
Tras la jubilación y posterior fallecimiento de Monseñor McGrath, la Hermana María Inés dedicó gran parte de sus últimos años a la creación y cuidado de la Sala Museo Monseñor Marcos G. McGrath en la Universidad Católica Santa María La Antigua (USMA). Allí, atendió con paciencia a estudiantes e investigadores, transmitiendo con fidelidad la imagen y los valores de quien fuera su guía y compañero de misión.
Para Kathy McGrath este trabajo de la Hermana María Inés ha sido muy importante porque con su servicio supo transmitir a los visitantes del museo, sobre todo a los jóvenes, el legado dejado por Monseñor McGrath.
Su partida deja un vacío físico, pero su ejemplo de fe inquebrantable y su dedicación incansable a la evangelización permanecen como una luz perpetua para las futuras generaciones de servidores.

Kathy McGrath
“La familia McGrath estará eternamente agradecida con la Hna. María Inés por su entrega y acompañamiento en el trabajo pastoral de nuestro tío”.

Hna. Geraldine
“Valoro esa entrega de la Hna. María Inés que ha llevado la antorcha de la fidelidad durante todos sus años en la misión de la arquidiócesis”.

Dolly Castillo
“Fue una maestra que sabía equilibrar la sencillez del trato con la firmeza de sus convicciones. Segura de lo que hacía y decía. Amaba la verdad”.
