Espiritualidad

Espiritualidad cristiana y fraternidad

La nueva Encíclica «Fratelli tutti» es efectivamente un llamado a todos los hombres y mujeres de buena voluntad para vivir la fraternidad, como hermanos y hermanas,  superando divisiones.

P. Miguel Ángel Keller, osa

El pasado 3 de octubre el Papa Francisco firmó en Asís una nueva Carta-Encíclica, la tercera, titulada “Fratelli Tutti ”, unas palabras de San Francisco de Asís, el santo cuyo nombre quiso tomar al ser elegido Obispo de Roma, y que le sirve de inspiración para asumir la causa de la ecología integral y también de la fraternidad universal.

Algunos de los críticos del Papa se apresuraron a señalar su inconformidad con que el título hablara únicamente de hermanos (fratelli en italiano) y no de hermanas (sorelle). En realidad, como el mismo Papa aclara en las primeras líneas de la Encíclica, se trata del título de un escrito de San Francisco de Asís, que por lo tanto se conserva en su formulación e idioma original, pero que se dirige tanto a varones como a mujeres y es una invitación universal a ser y vivir como hermanos y hermanas.

La nueva Encíclica Fratelli tutti es efectivamente un llamado a todos los hombres y mujeres de buena voluntad para vivir la fraternidad, como hermanos y hermanas,  superando divisiones, enfrentamientos, individualismos  y egoísmos. Una invitación a reconocer la dignidad de todas las personas y a establecer relaciones positivas siempre y con todos.

El Papa, como pastor universal, sabe que su primera misión, la misión de la Iglesia, es evangelizar.

Al comienzo de su servicio como Obispo de Roma, Francisco publicó su primer documento programático, la Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium (La alegría del Evangelio, 2013). El Papa, como pastor universal, sabe que su primera misión, la misión de la Iglesia, es evangelizar. Y anima a hacerlo con alegría, desde una Iglesia renovada, misionera y en salida, capaz de hacer llegar con palabras y obras la Buena noticia de Jesucristo al mundo de hoy.

A partir de ese compromiso misionero, la acción pastoral de la Iglesia tiene que dirigirse en la actualidad de una manera especial a tres áreas fundamentales: la familia, el cuidado de la casa común y la juventud. Son los temas que tratará sucesivamente en otros tres importantes documentos: Laudato si’ sobre el cuidado de la casa común (Encíclica, 2015),  La alegría del amor (Exhortación Apostólica Amoris letitia, 2016, tras el Sínodo de la familia)  y Cristo vive (Exhortación Apostólica, después del Sínodo de la juventud, Christus vivit 2019).

A través de todos estos documentos pastorales, máximos exponentes del Magisterio pontificio, Francisco recalca y aplica siempre las mismas actitudes fundamentales que desea brillen en el pueblo de Dios: compromiso evangelizador, alegría y misericordia. Su última Encíclica corona esta perspectiva del Obispo de Roma con el llamado a la FRATERNIDAD, AMISTAD Y SOLIDARIDAD, que desde el punto de vista antropológico y cristiano considera la base y la fuerza impulsora de una sociedad realmente humana y un mundo en paz.

Habrá tiempo para leer, analizar y meditar la Encíclica Fratelli tutti, una carta dirigida a todos los cristianos y hombres y mujeres de buena voluntad. Sería una negligencia y un grave error no hacerlo y perder esta oportunidad de “sentir con la Iglesia”, como le gustaba decir a San Agustín. Es de fácil acceso, de estilo sencillo y una verdadera joya para nuestra formación, nuestra espiritualidad, nuestra vida y nuestro testimonio cristiano. Lo haremos semanalmente desde Panorama católico, empezando hoy con esta introducción y visión de conjunto.

El diálogo que construye la cultura del encuentro y la capacidad de reconciliación para ser arquitectos de paz es una tarea urgente

La Encíclica Fratelli tutti consta de ocho capítulos, pero es fácil reconocer en ella la metodología teológico-pastoral del ver-juzgar-actuar. Tras una breve introducción que hace memoria de San Francisco de Asís, el santo del amor a la naturaleza y a la pobreza, el Papa dirige su mirada al mundo y analiza la realidad, con sus luces y sombras: no es pesimista, pero sí denuncia proféticamente aspectos negativos que contradicen la fraternidad universal (capítulo 1, ver).

¿Qué piensa la Iglesia, que pensamos los cristianos ante esta realidad? Pues que ante ella solamente hay dos posturas posibles: ante el extraño herido y caído al borde del camino, cada uno puede pasar de largo o detenerse y cuidarlo, como hizo el buen samaritano. Entonces, es preciso vivir la dimensión fraterna de la espiritualidad, la apertura a la fraternidad universal, No hay “otros” ni “ellos”, sólo hay “nosotros” (cap.2-3, juzgar).

El resto de la Encíclica (cap.4-8) señalan el actuar, el “amor social”, la aplicación práctica que reclaman problemas tan serios y actuales como las migraciones forzadas, la trata de personas, la política, la injusta pobreza, la guerra, la pena de muerte… El diálogo que construye la cultura del encuentro y la capacidad de reconciliación para ser arquitectos de paz es una tarea urgente, a la que deben contribuir siempre las religiones al servicio de la fraternidad en el mundo.

Definitivamente, vale la pena leer y aceptar la propuesta del papa Francisco.

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