Espiritualidad

Espiritualidad y preparación para la JMJ

Buscando el estado espiritual
para vivir la jmj
La encarnación del Hijo de Dios en el seno de la Virgen María, por obra del Espíritu Santo, es el misterio de la vida de Jesús que mejor nos enseña el estado y camino espiritual adecuado para la preparación del verdadero encuentro con Jesús. Necesitamos prepararnos debidamente para el encuentro con el Señor en esta próxima JMJ 2019, y para eso nos preguntamos hoy ¿Cuál es ese estado espiritual adecuado que hemos de trabajar en la juventud para la debida preparación y participación en la JMJ?
Meditando la vida y enseñanzas de los santos patronos de la próxima JMJ, descubrimos en ellos las virtudes necesarias para adquirir ese estado espiritual adecuado, para que todos aprovechemos este regalo de Dios a Panamá y al mundo entero. Hoy iniciamos este camino de reflexión espiritual discerniendo algunos elementos de vida de los patronos de la JMJ2019: San Juan Pablo II, San Juan Diego, San Martín de Porres, Santa Rosa de Lima, San Juan Bosco, Beata Sor María Romero Meneses, Beato Mons. Oscar Arnulfo Romero, San José Sánchez del Río. Todos guiados por nuestra Madre y Señora la Virgen Santísima, con quien iniciamos nuestra preparación espiritual.

La virgen María y el estado espiritual
que necesitamos
“No temas María, pues Dios te ha concedido su favor” (Lc 1,30). Eres la “llena de gracia y el Señor está contigo” (Lc 1,28). Preguntamos a nuestra Madre y Virgen: ¿Qué virtudes, qué modos de vivir, fueron los que enamoraran a Dios e hicieron que te escogiera para el misterio de la Encarnación de su Hijo? Un corazón lleno de amor, lleno de la gracia de Dios. Ha hallado gracia por la fe de María, la que conservaba en su corazón, la que ponía en práctica en el silencio de su vida. “Dichosa tú que has creído” (Lc 1, 45). En María es valorada por Dios esa fe limpia, pura, transparente, perseverante, a prueba de toda circunstancia, de toda situación. Pensemos en la pobreza en que vivía el pueblo que acompañaba a María; pensemos en la situación de espera del Mesías prometido en la que vivían; pensemos en silencio que debían vivir por la persecución que vivía el pueblo. María vivía preparada para ese encuentro de Dios con su pueblo, y Dios miró la belleza interior de María, que responde a su palabra: “Aquí está la esclava del Señor, que me suceda como tú dices” (Lc 1, 38). No importa que no entienda, no importa que el proceder humano sea diferente a lo que el Señor dispone de Ella, sino la fe verdadera que hay en ella. El Señor ha estado mirando la Fe, el amor, la esperanza con la que vive María, y esto la hace la escogida por Dios para ser colaboradora del proyecto de salvación.
A la fe verdadera va unida el amor y la esperanza con que vive la promesa de salvación. María es modelo de cómo esperar al Señor. El diálogo entre el ángel Gabriel y María es una bella síntesis de las virtudes primordiales para preparar un verdadero encuentro con el Señor. La respuesta creyente de María a un misterio que la desborda, pues “será la Madre del Mesías prometido”. Solo desde la fe se puede aceptar este insondable misterio de elección del Señor. Esta fe es dar un salto generoso de aceptación, que es el que abre las puertas de nuestro corazón a Dios y de nuestras casas al peregrino que nos visita. En María se cumplen las promesas de Dios, y ella traducirá en obras de amor su tiempo de espera y esperanza. Ella se desvive en caridad, lleva en su vientre al hijo de Dios, descubre que el primer nombre de Dios es amor, y ella convierte el nombre de Dios en disponibilidad para todos: un corazón generoso que se desborda en amor a los hombres y que se concreta en actitudes de caridad para con el necesitado. Por eso el primer gesto de María será visitar a su prima Isabel, que estaba encinta y necesitaba ayuda (Lc 1,39ss).
El sí generoso de María, que nace de la fe, engendra esperanza y caridad. La juventud y toda la comunidad panameña está llamada a convertirse al Señor, a despertar en toda la comunidad cristiana la confianza en Dios y la alegría de sabernos acogidos por Él, generando así, como María, vida, esperanza y amor a nuestro alrededor.
Pío XII en su citada Carta Magna del Escapulario del Carmen de 1950, enseña: “A la verdad, no dejará la piadosísima Madre que sus hijos que expían sus culpas en el purgatorio, no consigan cuanto antes la vida eterna por su intervención delante de Dios, en conformidad con el privilegio sabatino”.

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