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Establecer un plan espiritual para nuestra relación con Dios

Roquel Cárdenas 

Muchos de nosotros en diversas actividades nos hemos acostumbrado a planificar, desde actividades hogareñas como cuidar el jardín o hacer reparaciones al lavamanos, o una ventana, hasta las más complejas. No podemos obtener los mejores resultados sin una buena planificación. En ese sentido, hay un proceso recomendado para alcanzar la meta prevista que es planificación, ejecución y evaluación. 

Básicamente podemos describir que tenemos una necesidad y para saciarla, primero pensamos que nos hace falta para alcanzarlo a eso llamamos planificación y después establecemos eso, obtenemos los recursos, para proceder a la ejecución del trabajo necesario para lograr el objetivo y finalmente evaluamos los resultados. Si los resultados fueron satisfactorios, cerramos el proceso, sino fueron satisfactorio debemos volver al inicio y planificar nuevamente, para lograr la calidad que esperamos. 

De esta misma forma debemos actuar en nuestra vida espiritual. Nuestro Señor nos habla al respecto cuando nos dice la Palabra de Dios. 

 “Porque ¿quién de ustedes, que quiere edificar una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, y ver si tiene para acabarla? No sea que, habiendo puesto los cimientos y no pudiendo terminar, todos los que lo vean se pongan a burlarse de él, diciendo: “Este comenzó a edificar y no pudo terminar.” O ¿qué rey, que sale a enfrentarse contra otro rey, no se sienta antes y delibera si con 10.000 puede salir al paso del que viene contra él o con 20.000? Y si no, cuando está todavía lejos, envía una embajada para pedir condiciones de paz. Pues, de igual manera, cualquiera de ustedes que no renuncie a todos sus bienes, no puede ser discípulo mío.”  Lucas 14, 28-33.

Por lo tanto, nuestro Señor nos dice que es necesario establecer un plan espiritual para darle orden a nuestra relación con Él. En ocasiones pensamos que nuestra relación se basa fundamental en sentimiento y en el impulso de nuestra emotividad. Por eso nuestra vida espiritual o nuestra relación con Jesús es como una hoja llevada por el viento. Lo preocupante de todo esto, es que nos puede pasar como a la hoja que cuando se desprende de un árbol, piensan que están volando cuando en realidad están cayendo. Así mismo nosotros, es probable que pensamos que estamos elevándonos en nuestra vida espiritual, cuando en realidad estamos cayendo, cegados por nuestra autocomplacencia. 

Nuestra relación con Jesús se basa en el amor, sabemos que él nos ama, lo que tenemos que construir es nuestro amor hacia Él. Recuerdan que al inicio decimos que debemos evaluar si se alcanzaron las expectativas y si no fue así debemos iniciar de nuevo. Bueno tenemos la gran ventaja que Jesús nos dio esa expectativa.

“Si me amán, guardaran mis mandamientos;” Juan 14, 15.

De esta forma vemos que para amar a Jesús debemos cumplir sus mandamientos y para hacer eso debemos saber cuáles son, después hacer un plan como pensamos lograr eso, después buscar los recursos que necesitamos para lograrlo, posteriormente lanzarnos en la ejecución del plan, al final evaluar si hemos cumplido con los requisitos que teníamos al inicio, que era obedecer a Jesús en todo. Sino lo logramos debemos volver al inicio.

No podemos decir que amamos a Jesús sino le damos seriedad a nuestra vida espiritual y andamos en una permanente improvisación y aún peor, sin una buena evaluación. Busquemos a buen director espiritual que nos ayude a crear un plan espiritual, busquemos los recursos que nos da la Iglesia para realizarlo, pongamos todo nuestro empeño en ejecutarlo y al final hagamos nuestro examen de conciencia para verificar que los requisitos iniciales se cumplieron.

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