CatequesisEspiritualidad

Pedagogía divina y catequesis

Comisión Arquidiocesana de Catequesis

La catequesis se inspira en la pedagogía divina, tal cual ésta ha sido revelada a lo largo de la historia de la salvación. Desde el inicio, Dios fue comunicando la verdad de su misterio gradualmente, adaptándose a las edades y situaciones en las que vive el pueblo elegido, hasta la plenitud de la Revelación en Jesucristo.  Así mismo, el Espíritu de Jesús es quien anima la catequesis como un proceso que permite la madurez de la fe, siempre respetando el grado de madurez de la fe de cada creyente.

En la acción pedagógica de Dios y en su encarnación, Jesucristo, está presente la respuesta del hombre. Este es otro rasgo de la pedagogía divina. Los discípulos de Jesús, presenciaron cómo él acogía al pobre, al sencillo, al pecador; cómo anunciaba el Reino de Dios como buena noticia y con qué amor perdonaba los pecados y promovía la vida, siempre con la participación del ser humano: «¿qué quieres que haga por ti?».  Jesús utilizó métodos significativos: la palabra, el silencio, la parábola y la imagen, elementos característicos de su pedagogía para revelar el misterio del amor de Dios.

En todos los diversos medios utilizados para enseñar quién era, Jesús suscitó y obtuvo una respuesta personal de sus oyentes. Esta es la respuesta de la fe, inicialmente debilitada por el pecado, por lo que necesita de una conversión continua para desarrollarse más plenamente.  El catequista, al llevar al creyente al encuentro personal con Jesucristo, facilita que sea el mismo Jesús quien opere en la vida de la persona, llevándola a la verdad y a la conversión.  La acción del Espíritu Santo entonces, la mueve a adherirse al verdadero bien, a la comunión del Padre y del Hijo, y la sostiene con una acción providencial, para que pueda corresponder a la acción divina.

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