Espiritualidad

Familia, plan que viene de Dios

Actualmente el concepto de familia ha sufrido múltiples intentos de modificación por parte de personas que buscan satisfacer sus propias necesidades, definiciones que en algunos casos, distan mucho del plan de Dios.

Con esto vemos claramente que el ser humano es vulnerable al egoísmo y al egocentrismo, buscando su autocomplacencia sin importar cuanto dañe esto a los demás y/o a su núcleo familiar.

Algunas veces podemos sentirnos frustrados y molestos por no encontrar lo esperado de nuestro núcleo familiar, llegando incluso a pensar que somos los únicos en esforzarnos para hacer que nuestra familia mejore. Sin embargo, debemos recordar que nuestra familia no es perfecta, que se requiere mansedumbre, y no pensar de manera individual.

Sobre esto, el Papa Francisco manifiesta que “Familia es un grupo de personas llenas de defectos, que Dios reúne para que convivan con las diferencias y desarrollen la tolerancia, la benevolencia, la caridad, el perdón, el respeto, la gratitud, la paciencia, el derecho, el deber, los limites, en fin que aprendan a amar: haciendo por el otro lo que le gustaría que hicieran por sí mismos.

Sin exigir de ellos la perfección que aún no tenemos. No nacemos donde merecemos sino donde necesitamos evolucionar”.

Solamente si logramos asimilar y poner en práctica lo antes expuesto, podremos decir, que nuestra familia es una comunidad con lazos estrechos de amor, fraternidad y comunicación que tiene toda su fe y esperanza puesta en Dios, y que es reflejo de amor de Dios para los demás.

Muchas veces tomamos la familia como un asunto a la ligera. No obstante, debemos reconocer que en el plan de Dios, la familia ha sido dignificada y hecha partícipe por su papel procreador y evangelizador.

Tal importancia tiene la familia que el mismo Señor Jesucristo cuando vino al mundo lo hizo en un seno familiar, dándonos una referencia de la importancia y rol de cada miembro.

El hombre es un ser con tendencia a practicar lo aprendido, de esta manera los padres son los responsables de dar una educación cristiana a sus hijos, guiándolos a ser personas de bien, capaces de vivir según el plan de Dios. Los padres tienen la responsabilidad de la primera evangelización, sin embargo, deben también dejarse evangelizar por sus hijos.

Por último, es importante señalar de que, al ser cristianos consciente, el pecado está atacando cada vez más fuerte a las familias, debemos valernos de la oración, las visitas al Santísimo, la comunión, la lectura del evangelio, el rosario, entre otras, como herramientas indispensables para fortalecer la vida espiritual de la familia.

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